(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
Desde que los vecinos del norte han descubierto las posibilidades
de la palabra Historia, lo histórico, que estaba un poco
como muerto y ciertamente desaprovechado, ha cobrado una vida provechosa
que permite transformar la realidad pasada, presente y futura como
más convenga gracias a la nueva palabra mágica ante
la que todos enmudecen. Derechos históricos, nacionalidad
histórica
Con el apellido histórico
disfrazan sus mentiras para dotarlas de la dignidad que acompaña
a todo lo histórico y convertirlas en tan irrefutables como
rentables.
El tripartito catalán que azota España ha conseguido
romper, en un par de años de débil e hipotecado desgobierno
socialista, la integridad del Archivo de Salamanca, para empezar.
Los valencianos, sin embargo, llevamos reclamando desde el siglo
XVI documentos del Reino de Valencia secuestrados en Barcelona e
incluidos dentro de un Archivo de la Corona de Aragón.
El entrecomillado es porque con dicho nombre se bautizaron en el
siglo XVIII, cuando la Corona de Aragón no existía,
un conjunto de documentos robados por los catalanes a valencianos,
aragoneses y baleares. Nunca existió un Archivo de la Corona
de Aragón, en toda la Historia de dicha Corona.
Cree usted su propio archivo: robe la correspondencia de los buzones
de sus vecinos y dignifique su acto titulando al conjunto Archivo
de mi Escalera, con sede en su casa. Su archivo, como el de
Barcelona, no tendrá un solo motivo legal para retener papeles
ajenos, pero dentro de unos años costará un poco más
darse cuenta. Ese es el más frecuente procedimiento catalán
para escribir su historia (mantengo la h minúscula)
y reescribir la de los demás.
Los documentos valencianos fueron a parar a Barcelona, para nunca
volver, en dos tandas: los primeros partieron en los siglos XIII
y XIV para ser custodiados en Zaragoza y Barcelona por motivos de
seguridad, puesto que el Reino de Valencia era escenario de constantes
luchas entre musulmanes y castellanos. Los documentos de Zaragoza
volvieron, pero no los de Barcelona, a pesar de ser ordenada su
devolución por Alfonso el Magnánimo en 1419, por Carlos
I en 1542 y por Felipe II poco después.
La segunda tanda de documentos fue saqueada por las tropas napoleónicas
en 1808 y llevada a Francia, que la devolvió a España
en 1852, recalando en Barcelona y engrosando la colección
de papeles secuestrados, propiedad del Reino de Valencia.
Si hay algo que merezca el apellido histórico
es la cara dura, el epicentrismo y la falta de respeto endémica
del catalanismo con la Historia, (la de H mayúscula,
la de verdad) su tendencia obsesiva a la manipulación y la
mentira, su habilidad para hacer historia de laboratorio y su conveniente
amnesia y sordera con los asuntos valencianos.
Coalición Valenciana presentará una Proposición
no de Ley en las Cortes Valencianas para exigir al gobierno catalán
y español la devolución de los Archivos del Reino
de Valencia, que permanecen secuestrados en Barcelona, ante el doble
rasero del gobierno socialista (Salamanca 0 Barcelona 2)
y la cobardía y desatención del PP valenciano para
con todos nuestros asuntos históricos (archivos robados,
idioma vendido, edificios emblemáticos en ruinas, barrios
antiguos olvidados
).
Historia, justicia, dignidad,
concordia e identidad son palabras que lucen en una pancarta
que cruza la carretera de parte a parte en Barcelona para dar a
bienvenida a los papeles de Salamanca. Propongo colocar la misma
pancarta en la V-21 (antigua N-340), con el texto mirando al norte,
para despedir a los papeles del Reino de Valencia. De no hacerlo
así, ésas sólo serán, una vez más,
las palabras que mejor ilustren todo lo contrario.
Por cierto, ¿no les llama la atención que la pancarta
esté escrita en perfecto castellano? Seguramente no hay traducción
al catalán para esos conceptos.