(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
El pacto alcanzado entre el PP y PSPV para la reforma del
Estatut [Valenciano] oficializará el catalán. Desgraciadamente,
este no es un simple titular para llamar la atención; es un hecho
real. ¡Así de contundente y así de claro!
Pese a las iniciales promesas de respetar la voluntad ciudadana
y, por tanto, no modificar el título I del Estatuto –donde se hace
referencia a las señas de identidad de nuestro pueblo–, ambas formaciones
políticas van a dejar sin contenido el art. 7, en el que se reconocen
como lenguas oficiales, el valenciano y el castellano.
Esto acarreará, si se ratifica en la nueva Carta Magna, la inclusión
de la AVL como institución con rango estatutario, lo que otorgará
a todas sus resoluciones un estatus de legalidad superior y, por
lo tanto, obligará a su cumplimiento.
La Academia Valenciana de la Lengua, que no Academia de la Lengua
Valenciana (aquí el orden de los factores sí altera el producto)
trabaja por y para destruir el valenciano. De haber sido lo segundo
(Academia de la Lengua Valenciana), lo harían por la singularidad
y personalidad de nuestra lengua, y a título honorífico (como en
las restantes Academias). No ocurriría lo que pasa con los actuales
académicos que, además de cobrar de los fondos públicos de los valencianos
(casi un millón de las antiguas pesetas al mes durante quince años
renovables), están al servicio de la que ellos consideran su madre,
el Institut d’Estudis Catalans (IEC), bajo los auspicios de los
Maragall/Carod-Rovira.
Así lo refrendaron en el Dictamen sobre la
denominació i l’entitat del valencià , que aprobaron el pasado
9 de febrero (batalla d’Almansa II), en cuyo artículo primero dice:
‘‘... la llengua pròpia i històrica dels valencians, des del
punt de vista de la filologia, és també la que compartixen les comunitats
autònomes de Catalunya i de les Illes Balears i el Principat d’Andorra...’’.
Un dictamen que vulnera la ponencia política del PP (posiblemente
no la han leído), presentada por Ignacio Gil Lázaro, y aprobada
en el congreso de Valencia, donde prometían: “Rechazar siempre
la unidad lingüística”, además de romper la “tradición” de defender
la defensa del idioma valenciano.
¿Qué credibilidad tendrá a partir de ahora Serafín Castellano,
portavoz del PP, después de manifestar que “el PP mantiene la
postura que siempre ha mantenido” en cuanto a “no apoyar
nada que signifique unidad de la lengua o cosas similares”?
¿Y la de Rafael Maluenda cuando dice que “el PP, y ese es un
sentimiento mayoritario (¿seguro?) de nuestros militantes,
se opondrá a la unidad del valenciano y catalán”? ¿Y la del
Conseller Font de Mora, cuando afirma que, “cuando se produzca
una vulneración en lo que se refiere a la denominación estatutaria
de nuestra lengua, no nos quedaremos de brazos cruzados y defenderemos
la ley”? ¿Y la de González Pons?: “La AVL no puede cambiar
el Estatuto”.
Todas esas declaraciones, o principios de buenas intenciones, van
a quedar simplemente en eso: palabras.
Tras la publicación del dictamen de la AVL en el DOGV (con la aprobación
del PP, y la celebración de PSPV, ERPV, Bloc y EU, con cava catalán,
claro) el pasado 13 de abril, donde se equipara oficialmente valenciano
y catalán, el Gobierno valenciano ha dado rango de legalidad a un
acto antiestatutario que contraviene la identidad idiomática de
la lengua valenciana.
Tanto es así que esto provoca la imposibilidad de recurrir (entre
otras cosas) ante los tribunales el decreto de las escuelas oficiales
de idiomas (EOI) que pretende aprobar el Giocondo
Zapatero, donde se impondrá la doble denominación valenciano/catalán.
Es decir, que se nos ha estado engañando cuando se nos decía que
se respetaría la legislación vigente. Ahora se demuestra que, no
contentos con su inclusión en el Estatut, cambiarán la mayoría simple
por la de dos tercios de votos en las Cortes Valencianas para cualquier
modificación o derogación de la AVL. Este hecho supone en la práctica
blindar definitivamente la AVL y entregar cualquier decisión sobre
el tema a los defensores de la unidad de la lengua.
A partir de ese momento, ya no podrá hacer nada el negociador Serafín
Castellano. Ni tan siquiera el gesto de hace cuatro meses, cuando
amenazó con cambiar la ley de la AVL para anular el quórum exigido
y poder nombrar académicos por mayoría.
Están haciendo todo lo posible para que Carod-Rovira reclame la
autoridad vía IEC, con el nuevo ente llingüistic
dels Països Catalans que propone construir en su nuevo Estatuto.
Porque, como decía anteriormente, ya existe una denominación oficial
DOGV, de que son la misma cosa: conciencia de compartir una misma
lengua con catalanes y mallorquines. De la misma forma que se incluyen
algunas normas de ordenamiento jurídico que homologan el idioma
propio de los valencianos y el catalán.
La AVL, nacida de pactos políticos secretos (hoy descubiertos),
con oscuros intereses de otras autonomías, ha demostrado una dependencia
orgánica con el IEC que, lejos de pacificar, ha empeorado la situación.
La sumisión inexplicable (o sí) de nuestros políticos a este ente
mortal para los valencianos, hace que incluso Carlos de la Iglesia,
directivo de Microsoft España, no salga de su asombro y declare
en su visita a Valencia que se puso en contacto con la Generalitat
Valenciana para preguntar si querían que se incluyese el valenciano
como idioma “oficial” (está en las otras cuatro lenguas), de forma
gratuita y crear la respectiva versión Windows, y aún está esperando
algún tipo de respuesta.
En definitiva, si las prisas por poder presentar nuestro Estatuto
como el primero de los reformados (en busca de posibles medallas)
supone entregar nuestra singularidad más genuina a los catalanistas,
habremos (habrán) renunciado (como los mallorquines) a la propia
personalidad y, entonces, ya no podremos echarle la culpa a nadie,
más que a nuestros propios representantes. No creo que nuestro president,
por mucho que se empeñe González Pons, quiera pasar a la historia
con semejante losa. ¡Sr. Camps, Ud. tiene la palabra y la solución,
luego no se arrepienta, ni haga que nos arrepintamos de haber confiado
en quien no lo merecía!
Y a todo esto, ¿la RACV piensa decir algo u oponerse, o simplemente
espera el puente (trampa) que pretende tenderle la AVL (Las Provincias
30/04/05), ya que cuenta todavía allí con magníficos embajadores?
¿O espera simplemente obedecer el dictamen
de los que le aportan subvenciones?