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Son conocidas las ayudas económicas
que reciben algunas asociaciones culturales valencianas de instituciones
oficiales catalanas. Su aportación no es desinteresada.
El debate en torno a los orígenes
y evolución del valenciano comporta relevantes implicaciones
sociolingüísticas, históricas y políticas.
El doctor Vicente Ramos, académico de la Real Academia
de Cultura Valenciana, señaló que la postura lingüística
encubre otra más trascendente, de naturaleza geográfica-política,
ya que, sofisticadamente, una vez admitida la tesis absorcionista
de la lengua valenciana por la catalana y la generalización
de este gentilicio, se intentará proceder a la integración
cultural y territorial de nuestro histórico Reino en la
entelequia de los denominados países catalanes
o la gran Cataluña. Consecuentemente,
resulta que lo que aparentemente es una controversia filológica,
sustancialmente lo que se pretende es materializar una vieja aspiración
política, de cuño imperialista, por vía pseudocultural.
De esta forma no sólo se pretende acabar con la lengua
y cultura valenciana sino también con el particular proceso
histórico del reino de Valencia, actual Comunitat Valenciana.
Ya en 1962, intelectuales nativos
y foráneos, prebostes del catalanismo, apercibidos de la
dificultad que encerraban sus propósitos, con mucha diplomacia,
proyectan el plan estratégico de actuación [...]
aquesta aspiració ha dajornar-se sine die.
Consideraban que todavía no estaba abonado el terreno para
proceder a alcanzar su objetivo y debían trabajar en la
idea de preparar les condicions materials i morals perquè
un dia sigui ja factible. Piden prudencia a sus correligionarios
y justifican esta manera de actuar al señalar que en
certs moments caldria recomanar una cautela esmolada en lús
de la paraula Catalunya. Hauríem de fer majors
esforços per reservar-li en el futur aquesta amplitut integral.
Manifestaciones explícitas que ponen, bien claro, los métodos
de actuación y el objetivo final.
La praxis de su actuación
está encaminada a que se haga realidad la idea de que un
dia siga suficient dir català per al·ludir a la
nostra condició de poble únic i agregar-hi una precissió
comarcal per localitzar la cosa o persona de què es tracti
[...]. No som pocs els catalans que ens ho hem proposat i marxem
ja en aquesta línia.
Tales declaraciones evidencian
que no es una cuestión nominalista o simple qüestió
de noms, sino el intento de lograr una ambicionada e inédita
realidad geopolítica que satisfaga ansias expansionistas.
Sin subterfugios, y de manera clara, se han marcado la línea
de actuación y la intención última que no
es otra que la absorción y subyugación de los valencianos,
en aras de la creación de los anticonstitucionales países
catalanes, con el pretexto de nuestra liberación
centralista de Madrid para caer en la de Barcelona.
En este proceso programado, la primera fase, ya en desarrollo,
se limita a perturbar y confundir al pueblo en orden al uso y
nombre de su seña social de identidad más entrañable:
la lengua autóctona valenciana.
La táctica solapada está
dando sus frutos, como ya subrayaría el ensayista Joan
Fuster: No ha calgut fer massa esforços per aconseguir-ho.
Ha estat suficient que, des dels diaris, des de les tribunes públiques,
des dels llibres firmats pels indígenes [...] lexpressió
llengua catalana hagi estat emprada amb naturalitat
per referir-se a la parla local. La insistència ho ha acabat
de refermar.
La incredulidad y el pseudopatriotismo
valenciano pueden contribuir a que se haga realidad el proyecto.
Hay momentos y decisiones determinantes en la intrahistoria de
un pueblo. Para muchos valencianos la cuestión lingüística
no es un tema banal y consideramos que no es un tema exclusivista
de doctrina filológica. Partimos de la premisa de que la
lengua es patrimonio de todos y funciona por y para los hablantes.
El lingüista y politólogo Noam Chomsky afirma que
no sean los lingüistas ni los políticos
los que decidan qué es lo que tienen que hablar los ciudadanos,
sino que, en todo caso, se limiten a recoger la realidad lingüística
de cada sociedad.
La conciencia idiomática de una lengua y consecuentemente
su nombre no deben ser impuestos. El pueblo es quien la crea y
quien la bautiza. De ahí, que resulta contraproducente
denominar a la lengua valenciana de manera diferente a como la
llama el pueblo, sus usuarios, y que ya en la Baja Edad Media
fue elevada a la categoría literaria. Gracias a la reacción
valenciana la aspiración catalanista está invernando.