(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
La pasada semana se reabrió el viejo debate sobre la
lengua valenciana. Hemos oído a numerosas personas entrar
a valorar si el valenciano es una lengua o, por el contrario, es
una variedad dialectal del catalán. En España todo
el mundo puede hablar (y habla, claro) de tres cosas: política,
fútbol y valenciano. Tertulianos, el vecino de arriba, el
alcalde de turno o el portero de la discoteca de Cella comentan
y discuten (opinan) sobre el tema sin sonrojarse, sin tan siquiera
disponer de una referencia bibliográfica y asumiendo como
dogma de fe lo que los voceros del entorno pregonan a los cuatro
vientos desde diversas publicaciones (subvencionadas), claustros
(dirigidos) y micrófonos (interesados).
Todo esto me recuerda la película protagonizada por
Hugh Grant "El inglés que subió una colina, pero
bajo una montaña", basada en la leyenda que se desarrolla
en 1917 en el pueblo de Ffuynnon Garw, al sur Galés, donde
se ubica "la primera montaña de Gales", emblema
y orgullo de la población. Unos foráneos, en este
caso ingleses, comunican a los habitantes de Ffuynnon Garw que su
famosa montañana ya no lo es, pues le faltan unos metros
y, por lo tanto, es una vulgar colina. Todos a una, heridos en su
orgullo, acuden con piedras para aumentar su altitud y colocarla
en los manuales de cartografía donde siempre había
estado, en el apartado de "montañas", y no en el
de "colinas".
Aquí, a diferencia de Gales, nos sobran metros de historia,
pero nos falta orgullo patrio para defender lo nuestro. Y, por ello,
comprobamos día a día como los tiranos de siempre,
arrogados de falso progresismo, aprovechan las pequeñas
tormentas para, una a una, robarnos las piedras y convertir a nuestra
gran montaña en una frágil colina. Pero la verdad
se pone de manifiesto desde los mismos principios que fundamentan
los criterios para ser lengua: el histórico, el sociológico
y el jurídico.
Existe abundante bibliografía que acredita la personalidad
propia y diferenciada de los valencianos y de su lengua, que desmonta
las falacias de los interesados picapiedras. Entre ellos, Antoni
Canals, con su traducción de la obra de Valeri Maxin dice:
"Tret del llati en nostra vulgada lengua materna, aixi breu
com he pogut yastse sia que altres Lagen tret en lengua catalana",
o Francesc Eiximenis, natural de Gerona, que en su traducción
del latín del "Art de ben morir", en la primera
edición impresa (1491?) en Valencia, dice que está
traducida en lengua catalana, pero corrige el error en la segunda
edición, impresa en Barcelona (1507), cuando afirma: "He
deliberat retraure i segons la possibilitat del meu pobre entendre
en lengua valenciana a manifest estil". Eiximenis deja
la cosa clara en su traducción de la "Scala Dei",
libro impreso en Barcelona (1523), donde dice que: "Está
traduit del lemosi en nostra lengua vulgar valenciana".
Joan Esteve, autor del "Liber Elegantiarum", primer diccionario
impreso en lengua románica, Valencia (1489), señala
en él: "Explicit liber elegantiarum Jahanis Stephani,
viri eruditissimi civic valentiani, regie auctoritate notarij publici
latina et valentina lingua exactissima diligentia emendatus".
Marti de Viciana, por su parte, en 1625 publica su "Alabanza
de las Lenguas", y las enumera: "Les llengues hebrea,
griega, latina, castellana i valenciana". Joan Bonlabi,
Jospeph Llop, Pere Antoni Beuter, Joan Llorenç palminero,
Jeroni amiguet, o Pérez Báyer, quien recibe del P.
Jesuita Manuel Lassala, "un romanç escrit en llati,
grec, italia, frances i valencià", son algunos de
los autores que a lo largo de la historia han reivindicado la existencia
de la lengua valenciana. La lista es interminable y está
compuesta incluso por personalidades catalanas (Joan Bonlabi, Pi
i Margall, Aniceto Pages, Pompeu Fabra o Manuel de Montoliu).
Todos ellos, uno tras otro, han ido construyendo la inmensa montaña
que ahora nos pertenece. Da pena comprobar como el olvido ha caído
como una losa sobre ellos. Una losa de silencio que otros aprovechan
para el expolio.