(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
No puede basarse sólo en el nombre la esencia de algo.
Cualquier cosa, sin contenido, es vacua e inútil.
Descubramos qué encontramos
bajo ese intocable nombre de valencià. Simple y llanamente
hay (supuestamente) el léxico, las estructuras gramaticales
y la ortografía de la lengua catalana: «
a
Espanya hi ha dos denominacions igualment legals per a designar
esta llengua: la de valencià, establida en l'Estatut de la
Comunitat Valenciana, i la de català, reconeguda en els estatuts
d'autonomia de Catalunya y Balears» (Dictamen AVL 9-2-2005,
punto 6). Es la confirmación oficial de que valencià
y català son (para los catalanistas) exactamente lo
mismo.
¡Qué claramente lo denunció
el buen jesuita padre Costa en su último artículo:
«No es lo mateix ser propietari que co-propietari».
Efectivamente, una «llengua compartida» es una
sola y misma lengua cuya propiedad corresponde a varios. De esta
manera los valencianos pierden la personalidad, la propiedad y la
autoridad sobre su lengua ancestral, que siempre habían tenido.
Es de atrasados mentales querer hacernos creer que la frase del
perverso dictamen: «
el terme més adecuat per
a designar la llengua pròpia en la Comunitat Valenciana és
el de valencià», significa que los valencianos
conservamos la singularidad diferencial del valenciano autóctono.
Es una monstruosa falsedad. ¡Una impostura total! Es la tergiversación
descarada de la Historia y de la Filología. Ambas nos demuestran
que Valencia, por sí y para sí, ha ido configurando
su lengua propia a través de siglos. Antes de la reconquista
por Jaime I se hablaba el romans valencià.
Cataluña igualmente, por sí y para sí, fue
creando su propia lengua. Los historiadores medievalistas la llamaban
llemosí, procedente del provenzal francés e
importado con la creación de la Marca Hispánica por
Carlomagno. «En llemosí parle a Deu»,
decía el gran vate catalán Aribau en su Oda
a la patria, premiada en 1833. Muchos siglos después
de que los Ferrer, March, Roig, Martorell y otros hubieran
dicho y escrito que usaban la lengua valenciana para escribir sus
obras. Lo propio sucedió en Baleares. Los isleños,
por sí y para sí, fueron formando su propia lengua
balear, «tan antigua como el inglés, más
pura que el provenzal y el catalán, sus parientes más
próximos» (Robert Graves). Es, pues, totalmente
falso, desde el punto de vista histórico y social, que la
lengua y la cultura de estas tres autonomías esté
compartida. Lo propio hay que decir de Cataluña y Baleares.
Lo único que compartimos es «un mateix sistema lingüístic»,
como comparten todas las lenguas neolatinas. Todas estas lenguas:
español, francés, portugués, balear, catalán,
valenciano y demás son por igual dialectos del latín.
Es innegable también que de todas las lenguas neolatinas
las más parecidas entre sí son valenciano, catalán
y balear. La consecuencia lógica de ser territorios limítrofes
y de estar muy relacionados históricamente. Pero esta enorme
similitud no autoriza a las universidades ni a los políticos
el poder tergiversar la Historia y la Ciencia por conveniencias
pancatalanistas. Estos quieren apoderarse de la lengua genuina de
Valencia y Baleares para poder proclamar: «¡Somos
12 millones de catalano-parlantes! ¡¡Som una nació!!»
Ante esta impostura, el PP y el presidente Zapatero prefieren ceder,
ceder, ceder. Es más cómodo complacer a los chillones
nacionalistas que salvaguardar la lengua milenaria de los pacíficos
y estoicos valencianos y baleáricos.
¿No proclaman ufanos por doquier:
«¡Se ha salvado el nombre!» Se ha mantenido su
nombre vacío de contenido. Bajo el nombre de «valencià»
sólo hay la dictadura implacable del «català».
Con el nombre de «valencià» yace muerta
para siempre la ancestral lengua de los valencianos, utilizada por
nuestros clásicos y por el pueblo llano.