(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
No contentos con que el Gobierno socialista haya respaldado su
costosa e innecesaria iniciativa de reclamar en la UE la oficialidad
de las lenguas de España, los socios independentistas de ZP y Maragall
han emprendido una furibunda y agresiva campaña contra la inclusión
del valenciano junto al catalán, el gallego y el euskera. Se reabre
así un debate entre Cataluña y la Comunidad Valenciana que no ha
terminado nunca de estar cerrado. No les quieren dar agua pero se
quieren apropiar de su lengua.
En el resto de España se cometería un error quitando importancia
este asunto como una mera cuestión de nombres. Porque junto a este
debate que pretende ser meramente filológico —y en el que, como
veremos, también se trampea— van unidas las conocidas pretensiones
expansionistas del nacionalismo catalán y su irrenunciable deseo
de borrar la autonomía propia de la Comunidad Valenciana en beneficio
de ese invento antihistórico y delirante conocido como los “Països
catalans o la Catalunya Gran”. La defensa de la lengua y cultura
valenciana, aunque no exenta de los rasgos colectivistas de toda
reclamación identitaria, es mucho más abierta y tolerante que la
catalana. Más que enfrentarse a la española, trata de no quedar
supeditada y ninguneada por la catalana.
Carod-Rovira ha asegurado que esto “sólo es una cuestión de nombres”
y, displicente, ha calificado de “ridículo científico y académico”
distinguir entre el valenciano y el catalán. Aunque no vamos a negar
que el pancatalanismo académico —de la mano, por cierto del político—
está muy infiltrado incluso en universidades valencianas, que no
se arrogue tanta autoridad científica. Ahí están todas las
obras medivales en donde se empieza a escribir y a traducir del
latín en “llengua valenciana”. Y eso por no hablar de la autoridad
científica y académica de autores como Ubieto, Fullana, Cremades,
Giner i Ferrer y tantos y tantos otros.
Conviene empezar por recordar que la denominación oficial
que, junto al castellano, es oficial en la Comunidad Valenciana
es el valenciano. Así lo señala expresamente el Estatuto de Autonomía
y, por tanto, así lo reconoce nuestra Constitución. Tal denominación,
además, lejos de ser un mero voluntarismo político para la ocasión,
refleja, por el contrario, la denominación histórica que —insistimos—
siempre tuvo esta lengua, que nació como autóctona, como romance
valenciano proveniente del bajo latín. No fue pues, una “importación
de la reconquista” sino por el contrario una persistencia idiomática
mozárabe. La reconquista -fundamentalmente a cargo de aragoneses-
no aportó a los territorios del antiguo Reino de Valencia una lengua
desconocida hasta entonces, como pudiera ser el caso de los españoles
en América.
Tan original fue, pues, para los valencianos su lengua como pudo
ser para los catalanes la suya. Con la diferencia de que el Reino
de Valencia fue el primer reino de la península en desarrollar y
tener (a partir del siglo XIV), un "Siglo de Oro" literario en su
propio idioma Valenciano; una razón más para que los catalanistas
traten de apropiarse de su solera reivindicando la unidad de la
lengua bajo denominación catalana.
Por mucho que se lo mantengan muchos pseudoespecialistas valencianos,
el valenciano no es una variante local del catalán. No vamos a engordar
la entidad de las variantes que separan y diferencian a ambas lenguas,
ciertamente menudas. Pero si en base a esta indiscutible cercanía,
lo que se pretende es uniformizar la lengua, en lugar de erradicar
palabras y características propias del valenciano, que las que se
supriman sean las catalanas. ¿Unitat de la llengua? Molt be. Que
se suprima la solicitud de oficialidad del catalán en la UE en beneficio
del valenciano...¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de
nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries
a Valencia”.