(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
¡Qué gran lección nos está dando
el nacionalismo catalán! ¡Qué impagable demostración de cuales son
sus principios y su pensamiento! ¡Qué enseñanza tan clara e inequívoca
de cual es su estilo y su método!
Ahora ya sabemos lo que nos espera si por casualidad nos atrevemos
a llevarles la contraria. Si cometemos la terrible osadía de
rebelarnos y decirles que no, que los aragoneses no hablamos catalán,
que aragonesa es nuestra palabra. Ahora ya sabemos cual será su
respuesta y su modo de actuar: la coacción y la amenaza, el insulto
y el desprecio, el escándalo y el linchamiento público.
Debemos tenerlo claro. Los aragoneses orientales, como los
valencianos, no tenemos derecho a defender nuestra identidad a través
de una lengua propia. Ni se nos ocurra intentarlo. No tenemos derecho
a defender nuestra historia, a leer en aragonés nuestros fueros
de hace 900 años, a decidir lo que a nuestra tierra pertenece. No.
El monopolio de la palabra y la verdad sólo a los catalanes pertenece.
Lo nuestro es una despreciable mentira. Lo aragonés es un insulto
a su inteligencia y a su ciencia única.
De esta lección magistral nos queda la moraleja, la consecuencia
y la actitud, el modo y manera con la que se debe tratar al disidente,
al objetor de conciencia, al que piensa por sí mismo y no sigue
el camino marcado. Que se enteren de una vez los despistados, todos
esos aragoneses que hacen oídos sordos a nuestra denuncia, se puede
decir más alto pero no más claro, lo suyo no es un juicio científico,
lo que están haciendo es una exigencia y un chantaje basado en la
fuerza del poder político.
Que sepan que esa “bondadosa actitud”, que la enseñanza y
la educación de esos principios y esos valores es la que debemos
esperar los aragoneses si cometemos el error de reconocer oficialmente
el catalán en Aragón: el fundamentalismo lingüístico, el pensamiento
único, el desprecio y la marginación de lo aragonés. Sólo hay una
palabra: la suya. Magnífica demostración de lo que son: una lengua,
una nación, un destino en Europa, una identidad, un pueblo, un orgullo.
No les basta con decidir y mandar en su tierra. Basándose
en aparentes razones lingüísticas y en el poder de sus votos privados
y partidistas quieren también decidir y mandar fuera de los límites
de sus competencias, mangonear, extralimitarse, ir más allá, saltarse
leyes y fronteras ajenas y tachar lo que no les gusta. Un solo idioma,
una sola nación. Ellos tienen “derechos históricos”, los demás
no. Los demás somos comarcas, franjas, marionetas de su reino sometido
y manejado por la palabra única.
Para ellos defender la “unidad” de su lengua es cuestión de
ser o no ser, y es cuestión tan importante y trascendental porque
tienen miedo, porque la “aparente similitud” de su lengua con otras
es el único argumento que tienen para justificarse a sí mismos y
negar a los demás, es la coartada perfecta para seguir manipulando
la realidad y reconstruir a su medida imperios artificiales y falsas
coronas.
Están aterrados porque si sus vasallos lingüísticos descubren
su mentira y se rebelan quedará en evidencia su aparatoso montaje.
Toda la mercadotecnia, las publicaciones, la propaganda y las promesas
dadas serán papel mojado; todo el dinero, las generosas subvenciones,
las instituciones creadas, las voluntades afines y la palabra asalariada
serán inútiles; todos sus peones situados estratégicamente fuera
de Cataluña serán derrocados; todo ese ingente esfuerzo y descomunal
maquinaria no habrán servido para nada. Todo su repetitivo discurso
basado en vender y fabricar esa idea perderá su sentido automáticamente
y los muros que sostienen su teatro de cartón piedra se derrumbarán
estrepitosamente provocando su cierre definitivo por derribo,
y eso, sencillamente, no lo pueden permitir de ninguna de las maneras.
Por eso para ellos es muy simple: se está con ellos o contra
ellos. No hay alternativa, no hay duda, sólo hay hombres y libros
que mienten. Sólo hay enemigos y opositores, sólo el catalán existe,
sólo el catalán puede ser reconocido. Sólo hay una emisora, una
misma canción, un sólo locutor y un sólo mensaje. Y ese es el modelo,
el buen ejemplo que se quiere imponer en Aragón: hablar de Aragón
con su palabra y no con la nuestra.
Esa es la actitud tolerante, la rabieta que hace levantarse
de las sillas y abandonar las reuniones dejando a los demás con
un palmo de narices y la palabra en la boca si no se dice lo que
ellos quieren. Ese es el talante y el modo. Lo que los demás
tengan que decir no vale nada, sólo la burla y el más absoluto desprecio.
Porque los demás somos sus criados, pueblerinos que gracias a ellos
sabemos hablar y escribir correctamente, desagradecidos que
quieren abandonar su negocio y hacerles la competencia desleal montándoselo
por su cuenta. Delincuentes que hay que llevar ante la justicia
por calumnias e injurias.
Y esos son para algunos los socios ideales para hacer política,
esos son los socios en igualdad y respeto con los que algunos quieren
hacer negocios y crear eurorregiones de mercado y ocasión. Con
esas reglas y ese ejemplo quieren entrar en el juego, con imposiciones
y prepotencias, y no con las normas de la generosidad, la igualdad
y el respeto por los demás, de la tolerancia por la opinión del
otro y su derecho a expresarse y decidir libremente sobre su palabra
y su identidad, a tener plena independencia para mandar en su casa
sin padecer insultos ni coacciones.