(Només versió en Castellà
· Solo versión en Castellano)
No tengo ningún título para estar aquí,
para hablaros de Don Jaime, ni del valenciano, ni ningún
otro tema. Pero me he dedicado a la abogacía más de
cuarenta años y estoy acostumbrado a recibir a la gente,
a oír lo que me cuenta, que nunca es lo realmente sucedido,
sino lo que creen que ha sucedido; por eso, suelo poner los documentos
que narran los hechos uno junto a otro, por orden cronológico,
y deducir qué es lo que ha pasado. Eso me da una visión
bastante exacta de paisaje en que se han desarrollado esos hechos
y así pueden entenderse adecuadamente. Siempre cuento que
cuando se habla de una mujer semidesnuda y al lado a un hombre frotándose
las manos, suele pensarse en una estampa erótica, en dos
amantes, una merienda junto al río, un paraje idílico,
dispuestos a hacer el amor, porque a la descripción que nos
han dado, hemos puesto un paisaje a nuestro antojo. La verdad es
que si el paisaje real es un fondo de azulejos, un gran foco sobre
una mesa, encima la mujer semidesnuda y un médico acabando
de lavarse las manos, nos acabarían de describir a una mujer
que están preparando para una operación, tal vez grave,
algo completamente distinto a lo que habíamos imaginado.
Es necesario conocer el paisaje para saber lo que ha pasado.
Un día, vino a verme Ana Valbuena Roig con su madre y a
comunicarme que la habían nombrado Na Violant d´Ongria.
Tenía que elegir mantenedor para el Acto de su Proclamación
y había pensado en mí. Me sentí muy alagado,
comprometido. No podía negarme a esa familia, a quien aprecio
desde hace tres generaciones, ni a la belleza de Ana. Entonces traté
de estudiar quién era Na Violant, algo más de lo que
normalmente todos sabemos, que era la mujer, en realidad, la segunda
mujer del Rey Don Jaime, pero hay poco escrito sobre Na Violant,
solo la biografía, magnífica, de Roberto Pérez
de Heredia. Busqué en los tochos grandes sobre la vida de
Don Jaime y en los estudios sobre la creación del Reino de
Valencia; y poniendo los hechos de su vida uno tras otro, sabiendo
lo que le pasó, comprendí, como persona amante que
soy de la libertad, lo mejor que puede tener un hombre, lo único
imprescindible, que Don Jaime había hecho un Reino distinto,
el de Valencia, con una características también distintas
a sus otros reinos, por una sola razón, porque gracias a
ese nuevo Reino, él pudo ser un hombre libre, pues, a pesar
de ser Rey, no lo había sido hasta después de la conquista
de Valencia.
Eso es lo que trato de contar, lo que trataré de explicar
hoy. Por qué los valencianos somos como somos, con un alto
sentido de la libertad y por qué hablamos un idioma distinto
del que hablan los catalanes; y no basándome en razones filológicas,
que las hay, sino en razones históricas, en la firme determinación
de un hombre que quiso hacer un Reino diferente de los que ya tenía
para ser libre.
Tal vez, nosotros, somos los verdaderos culpables de lo que nos
pasa. O no ponemos el suficiente empeño o nos dejamos llevar
o no somos capaces de rebelarnos, de perseguir nuestro ideal con
ilusión y con tesón. Un hombre puede labrar su destino,
incluso modificarlo y si tiene suerte y está en el momento
propicio, puede también modificar el destino de un país.
Lo único que necesita es ser libre, el individuo que no es
libre no podrá realizar ninguno de sus deseos, ninguna de
sus ideas. Muchas veces nos llaman fachas, fascistas o cosas por
el estilo, sencillamente porque somos defensores de la libertad,
porque creemos en ella, porque la exigimos y porque la ejercitamos.
Los que no creen en la libertad, le tienen verdadero horror, la
miran con recelo, porque el hombre libre es quien les dice que están
equivocados y señala sus errores.
Pensadores modernos, como Francis Fukuyama y Nathan Sharansky,
son defensores a ultranza de la libertad, que hace posible la democracia
libre, único modo de prosperar y de enfrentar el destino.
Los demás modelos de estado no sirven, solo hay que ver cómo
han fracasado estrepitosamente las naciones no democráticas.
Cayó el muro de Berlín y todo el sistema marxista,
como están cayendo los regímenes totalitarios islámicos
en Afganistán y en Iraq.
Estamos instalados en un sistema donde hay muchos doblepensadores,
como los llama Nathan Sharansky, ruso, prisionero en el gulac durante
muchos años, luego emigrante a Israel, donde ha llegado a
ser Ministro de la Ciudad de Jerusalén. Llama dobles-pensadores
a aquellos que tenían un pensamiento, pero ante las autoridades
rusas, ante los comunistas, se expresaban de otra manera porque
no había más remedio. Eso mismo ocurría aquí
con la dictadura y, siguiendo esa vieja mala costumbre, ocurre también
ahora. Hay cosas que nuestros políticos no dicen, aunque
las piensan, porque no se pueden decir. Son políticamente
incorrectas. Esto es una barbaridad muy gorda, el hombre libre siempre
puede decir lo que piensa y debe esperar que los demás lo
acepten sin enfadarse por ello, porque los demás también
tienen derecho a expresar su parecer, sin que nosotros nos enfademos.
El hombre libre, no solamente ejerce su libertad, sino que debe
manifestarla. Yo soy libre y pienso lo que pienso y lo digo, porque
lo contrario, se llame como se llame, es mentira y mentir es lo
último que se puede hacer.
Gracias a que un conocido catalanista se levantó y se fue,
pensaron que mi discurso como Mantenedor de Na Violant de Ongria,
versaba, primordialmente, sobre el valenciano, cuando versaba sobre
la libertad. Porque el valenciano que nosotros hablamos, el auténtico,
el que ya hablaban aquí los súbditos de Don Jaime,
es consecuencia de la lucha de Don Jaime por la libertad. Aunque
era Rey en plena Edad Media, no por eso podía hacer lo que
quería, los doce rico-hombres aragoneses y los condes catalanes,
lo tenían bien agarrado.
Don Jaime, siendo un niño fue entregado en prenda de los
compromisos de su padre al Cruzado Simón de Monfort, que
lo tenía como rehén en Montpellier. A los cinco años
murió su madre en Roma y su padre, el mismo año, luchando
contra el propio Simón de Monfort en la Batalla de Munat.
El Papa que tutelaba los estados, que hoy llamaríamos europeos,
decidió intervenir y nombrar un tutor para Don Jaime, cargo
que cayó en su tío, el Infante Ferrán, dispuesto
a arrebatarle sus reinos, por eso al niño Rey lo entregó,
para su custodia, a los Caballeros Templarios del inexpugnable Castillo
de Monzón.
Los grandes nobles exigían juramentos, reparaciones, constantemente
a aquel tierno niño, por lo que el Papa, cuando tenía
12 años decidió casarlo con Doña Leonor, cuñada
del Rey de Castilla, pensando que un rey fuerte protegería
a su cuñado. Don Jaime y Doña Leonor hasta los 14
años, que aún no tenían, no podían hacer
uso del matrimonio, según las creencias de la época.
Cuando apenas tenía dieciséis años, Rey y Reina
fueron secuestrados en Zaragoza y por las noches dos guerreros armados,
los custodiaban al pie de la cama. Cuando, por fin, cedió
aquel joven Rey a las exigencias de los nobles aragoneses, los rico-hombres,
y pudo ser liberado, Doña Leonor marchó a Castilla
y no volvió.
Las humillaciones y las exigencias de aquellos nobles feudales,
no terminaban nunca. "Yo os haré ver quien soy yo y
lo que valgo", escribe en su crónica. La conquista de
Mallorca se hizo al amparo de los dineros de los catalanes y con
la ayuda de éstos; así que los nobles aragoneses pensaron
que era momento de conquistar el Reino de Valencia y hacerse con
sus ricas tierras y bienes. El primero que realizó una incursión
definitiva fue Don Blasco de Alagón, tomando Ares y Morella,
pero Don Jaime le detuvo y si bien le cedió tierras, Morella
revirtió al Rey rápidamente. No estaba dispuesto a
que el nuevo Reino, que iba a conquistar, estuviera también
sojuzgado por aquellos nobles, así que hizo la conquista,
declarada Cruzada por el Papa, principalmente, con la ayuda de ciertos
obispos y de nobles de segundo rango.
Ya en Valencia a todas las reuniones y Cortes da entrada al pueblo
llano, los plebeyos, que, por una parte, equilibraba el poder de
los estamentos nobiliario y clero y, por otra parte, contribuía
a que los hombres de Valencia tuvieran libertades.
Podía haber incorporado Don Jaime estas tierras a la Corona
de Aragón o a los Condados Catalanes, seríamos aragoneses
o catalanes; pero no quiso. Tras la conquista de la ciudad de Valencia,
se encuentra que la situación se asienta en tres pilares:
a) Su voluntad de hacer un reino nuevo, distinto a los que había
heredado y también distinto al de Mallorca. b) Los intereses
de los grandes nobles aragoneses y catalanes que quieren mantener
sus privilegios y extender sus riquezas a costa de las nuevas tierras,
yendo siempre contra los intereses del monarca, al que se han opuesto
desde que era pequeño; él lo vivió en su propia
carne y lo recuerda. Y c) El tercer pilar con que cuenta son sus
nuevos súbditos, los valencianos, un pueblo nuevo compuesto
por musulmanes y judíos que estaban allí, por los
cristianos establecidos tras la conquista, aragoneses, catalanes,
navarros, francos, húngaros, castellanos, etc., y con la
población primitiva, descendiente de los primeros pobladores,
del tiempo de los romanos y de la época visigótica,
ahora más o menos islamizados.
Siguió el principio aristotélico de que el pueblo
llano ha de tener tanta fuerza como el estamento eclesiástico
y el de nobleza o al menos tanta como cada uno de éstos por
separado; y, por eso, desde el principio, cuando tiene que reunir
a nobles y a obispos que le han ayudado en la conquista, hace también
participar a los hombres llanos, a la burguesía y a la plebe
de Valencia. Cuando instituye els furs, que los extiende a todo
el reino paulativamente, están ya allí presentes los
representantes de otras villas. Castellón, Vilafamés,
Onda, Liria, Corbera, Cullera y Gandia, estaban presentes en 1.261
en las Cortes Valencianas que aprobaron la reforma dels Furs y el
compromiso de su juramento por el sucesor de la corona. Don Jaime
también los juró.
Tras la conquista, en 1.238, estableció la Curia, sobre
justicia municipal. En 1.240 la Costum, fuero municipal que va modificando
y reformando hasta convertirla en els Furs en 1.261.
Los Furs están inspirados por un sabio doble principio,
la autoridad y la libertad, bajo el sagrado sistema de que todo
Rey y todo el pueblo deben someterse a la Ley; por eso los monarcas
valencianos, antes de ser coronados, debían jurar los fueros.
Los Furs no se basan en el derecho nobiliario aragonés,
ni en los usatges catalanes. Se valió principalmente del
derecho justinianeo y del código canónico, así
como de leyes musulmanas, derecho judío y derechos de los
repobladores. No solo da una legislación definida, también
limita el territorio en las primeras cortes valencianas. Lo configura
según los pactos que han establecido sus predecesores, y
viene a ser exactamente el que hoy ocupa el antiguo Reino de Valencia,
teniendo en cuenta que la zona del sur de Alicante se incorporó
en 1.304 y que en el siglo XIX se añadió Requena,
Villena y Sax, a cambio de Caudete, que pasó a Albacete.
Muy hábilmente Don Jaime se deshizo de aquellos señores
feudales, ricos-hombres de Aragón y los condes catalanes.
Para el repartimiento de tierras designó a dos nobles, Asalit
de Gudar y Gimeno Pérez de Tarazona, caballeros de mesnada,
pero no pertenecientes al exclusivo grupo de los doce ricos-hombres,
que lo eran por derecho propio de Aragón. Protestan los ricos-
hombres. Ante la protesta, Don Jaime, les encarga el repartimiento.
Antes de la conquista, se habían prometido más tierras
de las que había, por lo que hubo de ordenar la reducción
proporcional de todo lo otorgado anteriormente. Esperó que
la dificultad del repartimiento les hiciera fracasar y así
ocurrió, por lo que, al renunciar los rico-hombres, volvió
a nombrar a Gudar y a Tarazona. De todas maneras, se entregó
a aquellos señores feudales los castros, lugares fortificados,
altos y con pocas tierras y, al ver que tenían poca ganancia,
se volvieron a sus tierras. Siguiendo la teoría de las partidas,
Don Jaime creó una nueva nobleza, las de quienes tienen linaje
y tienen bondad, son fieles al Rey, cuando los tradicionales ricos-hombres,
solamente exhibían su linaje.
Habría sido muy fácil al Rey hacer circular en el
Reino de Valencia la moneda aragonesa o la catalana. Se hacían
transacción de la moneda jaquesa de Aragón o en la
mazmudina musulmana y también en otras monedas, hasta que
en 1.246 el Rey ordena acuñar los Reals, con el signo de
la cruz entre flores, y el lema "Reino de Valencia". Como
señaló en la Costum quería disponer de una
moneda propia y la creó, estableció las normas de
su implantación y el plazo para el cambio de la moneda circulante
por la nueva, igual que se ha hecho con los euros y las pesetas,
cambios que se hacían en la "taula", que dictaba
las equivalencias entre las distintas monedas. Cada doce reales
equivalían a un "sou", y 20 "sous", es
decir, 240 reales a una "lliura".
Ese empeño en hacer un reino propio, distinto de los que
había heredado y el conquistado de Mallorca, con leyes distintas,
organización distinta, composición de las Cortes distinta,
moneda distinta, le lleva también a mantener una lengua distinta.
Habría podido imponer la lengua de los catalanes o la lengua
que se hablaba en Aragón, pero no lo hizo. Por eso las leyes
que primeramente se redactaron en latín, ordena que se traduzcan
al romance valencià, a "la lengua que aquí hablan
mis súbditos". Es fácil comprender que en poco
más de veinte años, nadie pudo introducir una lengua
distinta de la que se hablaba, como pretenden los catalanistas.
Luis Fullana i Martí, franciscano, fundador del Convento
de San Lorenzo, provincial de Valencia, confesor de la Reina María
Cristina, hijo predilecto de Benimarfull y adoptivo de Cocentaina
y Valencia, pasaba las vacaciones de verano en Bañeres, en
la finca El Cosi, de Don Benito Martí de la Cavada, oriundo
de Morella. En sus últimos años, m. 1948, vivía
modestamente en Madrid con su sobrina, de sus pocos estipendios
como académico y las misas. Le oí decir: "cómo
no va a ser el valenciano un idioma si fue la lengua de un Reino".
En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española,
distingue el latín clásico, usado por literatos y
magistrados, fijo y estable, del latín vulgar que llevaban
los soldados y los colonos por todo el imperio. Los hispanovisigodos
lo transformaron de forma natural y lógica, en cada zona,
según la condición, carácter y costumbre de
sus habitantes, no todos por igual, sino dando lugar a las lenguas
romances españolas, el gallego, el castellano, el catalán,
el mallorquín y el valenciano, que no es un dialecto, porque
tiene vida independiente, literatura propia y puede formar su historia
morfológica desde que se emancipó del latín
vulgar. Quien mantiene que el valenciano es catalán, no ha
leído a nuestros clásicos de los siglos XIV, XV, XVI
y XVII.
En la Carta Pobla de Uxó, 1.250, el Rey Don Jaume dice que
sus súbditos hablan valenciano; y en las Corts de 1.261,
ordena la traducción general de Els Furs del latín
al valenciano.
El canónigo de la Catedral de Mallorca, Gregorio Genovar,
se quejaba porque la famosa novela Blanquerma del mallorquín
Ramón Llull "no ha sido traducida a la más culta
de las lenguas romances de la España oriental, es decir,
al valenciano" y encargó a Juan Bonbalij de origen catalán
su traducción, 1.552, quien reconoce que "soy muy limitado
en dicho idioma, por serme peregrino y extranjero"; sabía
muy bien que el catalán no era igual al valenciano.
Otros lo han dicho también: Joanot Martorell, autor de Tirant
Lo Blanc: "lo escribo en mi lengua, el valenciano". Bonifaci
Ferrer tradujo la Biblia del latín al valenciano en 1.478.
Pig i Margall, catalán federalista: "en España
hay muchos idiomas, el castellano o español, el gallego,
el bable, el vasco, el catalán, el mallorquín y el
valenciano". Cervantes: "el valenciano es graciosa lengua,
dulce y agradable". Martín de Riquer, en 1.877: "polida,
dulce y muy linda, formada del lemosín, la hebrea, la griega
y la latina". Menéndez Vidal: "es la lengua valenciana,
la primera lengua romance literaria de Europa, de cuyos clásicos
no solo aprendieron catalanes, sino incluso castellanos". Un
Real Decreto de 26 de noviembre de 1.926, reconoce las lenguas castellana,
catalana, valenciana, mallorquina, gallega y vascuence.
Los estudios lingüísticos podrían ser debatidos
siempre que sus autores, no estuvieran alimentando causas políticas.
No cabe ninguna duda que el valenciano se parece a todas las lenguas
románicas, y ¡como no! a las más próximas
también, pero hay que tener mucho cuidado, porque una vez
nos quiten y destruyan el valenciano, nos quitarán también
todas las demás señas de identidad de este pueblo,
nos convertiremos en catalanes del sur, en ciudadanos catalanes
de segunda clase, tratados con la misma indeferencia con que están
tratando, en la actualidad, a los catalanes del barrio del Carmelo
de Barcelona, también ciudadanos de segunda clase, castellanoparlantes.
Hay gente, muchos amigos míos, que piensan que la actual
inmersión política, enseñando en las escuelas
el valenciano catalanizado, pueda hacer desaparecer, poco a poco,
a través de dos ó tres generaciones, el valenciano
auténtico. No lo creo así, creo que hay mucha esperanza,
porque la lengua nos la enseñan nuestras madres, la aprendemos
en la calle y hay mucha gente que está dispuesta a defender
estas señas de identidad.
Si ahora puede ser difícil defender al valenciano, tal vez
lo era mucho más al principio de los años de la democracia,
en donde la influencia catalanista era decisiva, porque iba envuelta
en la aureola de que ellos eran contrarios a Franco, que es lo que
estaba de moda. Todo lo que era contrario a Franco era bueno y,
por lo tanto, ser catalanista era bueno. Ya he contado que no es
así. Tenemos hoy aquí a Mercedes y a María
José, gemelas, que cuando estudiaban en la Escuela Marqués
de Benicarló, siendo muy jovencitas, apenas 10 ó 12
años, un concejal llamado Don Tomás, les predicaba,
que nuestra bandera era la cuatribarrada, que lo que hablábamos
era catalán, que éramos catalanes. Se rebelaron, plantaron
cara a Don Tomás, manifestaron que esa no era su lengua,
que su lengua era el valenciano, que esa no era su bandera y cuando
le oyeron decir que, al fin y al cabo, esto era como un brazo del
cual la mano era Valencia, le contestaron que se la cortaran. Lo
han pasado mal, lo pasaron mal en la escuela y lo pasaron mal en
la universidad por defender estos criterios, pero, cuando sus sufrimientos
se han hecho ahora públicos, han recibido un montón
de parabienes, de felicitaciones y de apoyos.
Es un hecho insólito que en la primera mitad del siglo XIII,
un reino concediera derechos a sus súbditos, y que los reyes
estuvieran obligados, no a respetar derechos feudales, sino respetar
las leyes de un reino, igual que también debían respetarlas
todos sus súbditos. Esto fue posible porque Don Jaime desde
pequeño se vio oprimido, maniatado, prisionero, secuestrado;
y poco a poco conquistó su libertad, que se hizo plena tras
la conquista de Valencia. Lo que nosotros recibimos de Don Jaime
y lo que aún tenemos hoy, nuestra lengua, nuestro sentido
de la libertad, se lo debemos a que él luchó toda
su vida por ser libre, y para serlo inventó un nuevo Reino,
distinto de los demás, un reino, como dijo a su mujer Alfonso
II, a la presencia de Guillem de Vinatea, donde "nuestro pueblo
es libre".
Ocurrió así: Francesc De Vinatea, nació en
Morella en 1.273. Su padre, Pedro, forma parte, siendo muy joven,
del ejército de Don Jaime en la conquista de tierras valencianas.
Estaba casado con Na Carbona, hija del señor de la Todolella
y a quien pilló con su escudero de confianza en la cama.
Francesc, hombre de honor, los mató a los dos y marchó
a Valencia, donde se entregó a la justicia. Él había
estudiado en dicha ciudad leyes y luego se había establecido
en Morella como comerciante. En Valencia, el Rey Jaime II, le perdonó
cualquier pena, pues matar a la esposa infiel y al amante, hasta
hace muy pocos años, no estaba penado tampoco por el Código
Español. Durante muchos años se entendía que
el honor de una familia estaba en la entrepierna de las mujeres,
como todavía lo creen los musulmanes.
Retornó a Morella, arregló sus cosas, transfirió
el señorio de Todolella a su hija Francisqueta, y volvió
a Valencia donde se casó de nuevo con Doña Jaumeta
Castella, siendo elegido, en mayo de 1.333, jurado de la ciudad.
Fue entonces cuando ocurrieron los hechos que hicieron famoso para
siempre a Frances de Vinatea. Alfonso II de Valencia, estaba casado
en segundas nupcias con Leonor de Castilla que pide para sus hijos
una serie de donaciones, pues el hijo del primer matrimonio, Pedro,
iba a ser el heredero de los reinos de Don Alfonso. El Rey dona
las villas de Alicante, Elche, los Valles de Elda, Novelda, Orihuela,
Guardamar, Játiva, Alzira, Morbedre, Morella, Burriana y
Castellón y los representantes de estas villas acuden a Valencia
para pedir justicia. Los jurados de la ciudad, entre los que, por
la demarcación de Morella, estaba Frances de Vinatea, se
reúnen y piden una audiencia al Rey. Aunque el Jurat en Cap
era Giner de Rabasa, se elige a Vinatea como portavoz ante el Monarca,
éste consciente de la gravedad de lo que estaba ocurriendo,
de la posible sublevación que podía tener lugar y
de que, tras su demanda ante el Rey, éste podía ordenar
su muerte, hizo testamento, confesó y comulgó. Vinatea
era un hombre íntegro y valiente, conocedor de la Ley y tenía
la confianza del pueblo, de las villas que habían sido donadas
y de los demás jurados que habían delegado en él.
Así lo cuenta en su Crónica, Pedro II el Ceremonioso,
aunque le llama Guillem de Vinatea, sin embargo, por los hechos,
se refieren a la misma persona. He sido un admirador, desde siempre,
de la figura de Vinatea, tanto es así que en muchas ocasiones
he firmado artículos y presentaciones de pintores con el
seudónimo de Guillem de Vinatea.
Nos narra la Crónica de Pedro el Ceremonioso, que Vinatea
dice a los demás jurados: "yo me aventuraré a
plantear la cuestión ante el Rey y no rogaré por mi
vida y si me mata el Rey, moriré por lealtad, por lo que
si yo me aventuro, vosotros, los demás jurados, bien podéis
acompañarme".
Imaginaos ante el Rey, en 1.333, a su lado la Reina Leonor, que
le había arrancado las donaciones a favor de su hijo, a los
demás jurados, a los consejeros del Rey y a Vinatea que le
dice: "me maravillo del señor Rey y de todo su Consejo,
de las donaciones que ha consentido, cuando no podía separar
dichas villas del Reino de Valencia, si lo hacía Valencia
no sería nada; pero ellos no consentirían dichas donaciones,
las contradirían y que se maravillaba de él y de su
Consejo y los llamaba traidores". Hay que tener en cuenta que
los fueros tenían establecido que no se podía desmembrar
el Reino de Valencia, la idea central de Don Jaime. Continua Vinatea:
"no cambiaremos de opinión, aunque me separe la cabeza
del cuello, o nos mate a todos, y os prometo señor que si
nos morimos no escapará alguno de estos que son aquí,
todos morirán a espada y vos señor y la reina y el
Infante Don Fernando".
El Rey miró a la Reina y le dijo: "esto queríais
oír". Ella airada, llorando, le dijo: "señor,
esto no consentiría el Rey Alfonso de Castilla, nuestro hermano,
porque él los degollaría a todos". Alfonso II
le contestó: "reina, reina, nuestro pueblo es libre,
y no está sojuzgado como el pueblo de Castilla, porque ellos
me tienen a mí como a Señor y nosotros a ellos como
buenos vasallos y compañeros".
El Rey revocó las donaciones, fue fiel als Furs y a la idea
de Don Jaime de conservar íntegro el Reino de Valencia, ese
Reino distinto de los demás, donde, porque lo quiso Don Jaime,
no se habla ni como en Aragón, ni como en Cataluña,
se habla valenciano.
Un hecho de gravísima trascendencia ha tenido lugar en las
últimas horas, el Presidente del Consejo de Estado, el socialista,
Francisco Rubio Llorente, cree que debe incluirse en el artículo
2º de la Constitución, el término Comunidad Nacional,
dice que la Comunidad Nacional Vasca, como dice el Plan Ibarretxe,
abarca territorios de dos Estados, y que la Comunidad Catalana,
al menos alcanza tres autonomías.
El actual problema del valenciano, de si es o no catalán,
de si es un dialecto del catalán o de si un idioma distinto,
como yo creo, no tiene nada que ver con la filología. La
filología es la argumentación, que se ha sacado falsamente,
para tapar otros intereses. Es la misma actitud que durante años
hemos visto al Sr. Arzalluz, aparentando ser un corderito que quería
muchas transferencias, en realidad solamente quería la independencia
total de España.
Aquí ocurre lo mismo, al tiempo que se crea el Instituto
de Estudios Catalanes y al poco se establecen las Normas de Pompeu,
aparece con el nacionalismo la idea de los Países Catalanes,
que significa unir Mallorca, Valencia y Cataluña e incluso
soñar con los dos territorios franceses de habla occitana.
La idea es muy oportuna en la época franquista, porque es
oponerse a Franco. El General era centralista y esto significaba
romper con el centralismo. Hablaba de la Unidad Española,
"España Una, Grande y Libre", y esto significaba
desmembrarla, crear unos nuevos países, con suficiente población
y territorio para presentarse ante el Estado Español y la
Comunidad Internacional.
Recuerdo cuando el Sr. Zaplana fue nombrado por primera vez Presidente
de la Comunidad Valenciana, en la Televisión Catalana, en
TV3, un profesor decía, temeroso de que se determinase al
valenciano como completamente distinto del catalán: "es
que si el valenciano no es catalán, nunca haremos els Paisos
Catalans". A ellos no les importa lo que digan los filólogos,
ellos lo que quieren es que, como sea, se hable de una sola lengua,
aunque luego en su casa cada uno hable como quiera, porque lo que
han de mostrar ante el mundo, ante el Gobierno español, es
poder decir somos tantos millones de catalanes, aunque no todos
hablan catalán, como hemos visto en el Carmelo, y podemos
formar una importante nación con amplio territorio. Para
eso necesitan un solo idioma, porque creen que con eso cohesionarán.
Es lo mismo que hacen los vascos, yo estudié la carrera
en Bilbao, en Deusto, y allí, excepto los niños que
bajaban de los Caserios a servir, a cambio de que les educasen,
les llamaban pildus no se por qué, los demás nadie
sabía vascuence, la gente de Bilbao sabía tres ó
cuatro palabras o dos versos de una canción, decir "Maitechu
mia" y cosas así. En un momento determinado se unieron
el centenar de dialectos que se hablaba en cada parte del país
vasco y crearon el vasconce, como hicieron con el barceloní,
a principio del siglo pasado. Luego viene la inmersión, el
que no sabe catalán no puede medrar y el que no sabe vasconce
tampoco en aquellos territorios, donde en la actualidad hay profesores
en huelga, por decir que no saben suficiente vasco, cuando lo que
ellos enseñan no tiene nada que ver con los idiomas, enseñan
matemáticas o geografía. Es lo mismo que ocurre en
Barcelona, en la Univerdad Pompeu Fabra, un catedrático invitado
hablaba en español y fue duramente abucheado hasta el punto
de que no le dejaron continuar. ¡No pasó nada!
Cuando dicen que el valenciano es catalán, olvidándose
de lo que hablan nuestros padres, olvidándose de lo que habla
el pastor de la sierra, olvidándose de lo que habla el labrador,
olvidándose de lo que hablan en los pueblos, no de lo que
hablan aquí ciertos profesores de escuelas catalanizados,
nos encontramos que lo que se está haciendo es un inmenso
esfuerzo para que todos dejemos de hablar valenciano y hablemos
catalán, y luego poder presentar, bajo la denominación
de Comunidad Nacional, compuesta por tres autonomías, una
unidad superior a las autonomías y, en definitiva, aspirar
a separarnos de España bajo la bandera catalana.
Está en manos de cada uno de nosotros, tomar la libre determinación
de decirles a la cara: "antes muerto que catalán"
y luchar por eso.