La "Cuestión de nombres", parangonando en
cierto modo el pensamiento pancatalanista de Joan Fuster, pretende
dar un punto de reflexión valencianista al tema de los nombres
que la historia ha ido colocando sobre el mapa románico del
Sur de Francia y del Levante español.
Areas LINGÜÍSTICAS EN LA PENÍNSULA
Resumiendo la actualidad románica de la Península
Ibérica, nos encontramos con el hecho existencial de tres
manchas lingüísticas o áreas bien definidas que
vienen a coincidir con las áreas geográficas ocupadas
por los tres primitivos pobladores de la península: Celtas,
Iberos y Celtíberos. Son éstas:
- Al Oeste, la Galaico-Portuguesa. Dialecto
Gallego al Norte, lengua Portuguesa al Sur.
- En el Centro, la Castellano-Asturiana.
Dialecto Bable al Norte, lengua Castellana al Sur.
- En el Este, la Valenciano-Catalana.
Dialecto Catalán al Norte, lengua Valenciana al Sur.
Los tres primeros pobladores de la Península Ibérica
sin duda hablaban diferente, pero todos ellos fueron romanizados
y latinizados, luego visigotizados y arabizados, uniformados y abandonados
lingüísticamente hablando a su suerte. Naturalmente
tendría que aflorar en la descomposición, de nuevo,
las peculiaridades propias del conservadurismo primitivo, y así
se diferenciarían del latín las tres manchas lingüísticas
del romancero español y portugués. Pero algo muy importante
hay que apuntar para plantear la cuestión de nombres, y es
que:
1) Las tres manchas sufren la misma génesis política,
cultural, económica y militar.
2) Portugal y CastilIa, naciones de pleno derecho, son equiparables
políticamente hablando al Reino de Valencia, aunque inmerso
dentro de la Corona de Aragón Valencia fue hasta los Borbones,
una nación.
3) Las tres tienen un Siglo de Oro. Primero Portugal por haber
terminado en primer lugar la reconquista de su suelo. Luego surge
el Siglo de Oro Valenciano porque fue la nación valenciana
la que terminó su reconquista, si bien de la mano de Aragón.
Y por último, es Castilla la que da término a su reconquista
y por tanto da el tercer Siglo de Oro.
4) En el Siglo de Oro portugués
no hay ningún gallego. En el Siglo de Oro Castellano no
hay ningún asturiano. Y, claro, en el Siglo de Oro Valenciano
tampoco aparece ningún catalán como tal, y si alguna
crónica es escrita por alguien de Barcelona, la hace como
cronicón oficial y en "Valenciana Língua".
5) Las tres disponen de gramática y universidades donde
se enseña.
6) Las tres están al Sur de sus proplas manchas lingüísticas,
dejando al Norte a sus dialectos. El Gallego está al Norte
del Portugués. El Bable está al Norte del Castellano.
Y el Catalán está al Norte del Valenciano.
Naturalmente que el émbolo
musulmán empuja a las tres comunidades hacia sus nortes
y los concentra: a los portugueses en Galicia, a los castellanos
en Asturias, y a los valencianos en el Midi francés (no
en Cataluña ni en los Pirineos) porque los musulmanes traspasan
los montes y llegan a Poitiers y Tours donde los detiene Carlos
Martel. La ponencia expondrá más adelante algo sobre
Las Covadongas españolas, y por eso ahora sólo se
insiste en que estos núcleos culturales condensados en
el norte vuelven a bajar hacia el sur con una lengua más
vigorosa y propia al reencuentro con los romances que dejaron
en territorio ocupado por los moros, y en aquel reencuentro hay
que enmarcar la definitiva construcción de las lenguas,
portuguesa, valenciana y castellana.
No resulta, pues, serio ni fiable
aquel "científico" que se deja decir que el portugués
y el castellano son lenguas y el valenciano es un dialecto, porque
o es un ignorante o lo que es peor, un político pseudocientífico
tergiversador de la verdad histórica.
Ahora bien, la ponencia considera legítima, pero no recomendable,
la aspiración política de un pueblo a la secesión
lingüística, y así ve bien que los gallegos hayan
creado la Academia de Lengua Galega; que los asturianos estén
realizando esfuerzos para la consecución de la Real Academia
de Bable; y que los catalanes hayan creado su academia bajo el nombre
de Institut d'Estudis Catalans. Pero mientras que los gallegos no
se pronuncian sobre el carácter dialectal respecto a la lengua
del Sur, a los asturianos no se les ocurre decir que el Castellano
es un dialecto del Bable, a los catalanes les da por decir, risiblemente,
que el Valenciano es un dialecto del Catalán, y organizan
grandes pantomimas carnavaleseas por el mundo, falsificando textos
e inventando situaciones que favorezcan la expansión de tan
peregrina idea.
La Real Academia Española,
en uno de sus acuerdos publicado en el Boletín de la misma
en 1959 y firmado por su Secretario Perpétuo D. Julio Casares,
definió al Valenciano como lengua, pero esta definición,
que tenía que haberse reflejado en el Diccionario de la
Real Academia, salió cambiada, en el mayor fraude que la
historia de la ciencia conoce, falsificada en la imprenta por
dos académicos catalanes, uno vive y el otro ha muerto,
que aprisa y corriendo fueron nombrados para tal menester por
los grupos de presión catalanistas antes de la aparición
del diccionario en 1970. Todos los esfuerzos valencianistas para
volver las cosas a sus cauces, tropiezan siempre con los subalternos
de la Academia, infiltrados catalanes en ella, que no dejan prosperar
las propuestas de revisión que han de llegar a la permanente.
Concluyamos este apartado diciendo
que la lengua valenciana tiene la categoría de tal porque
además de todo la expuesto en su génesis compartiva
con el portugués y el castellano, cumple los requisitos
que la ciencia, aún sin codificar la cuestión, admite
para tal defìnición: 1) Es lengua el modo de hablar
de un pueblo o nación, y el valenciano lo cumple. 2) Tener
una gramática, y el valenciano la ha tenido siempre desde
Ancelm Turmeda en 1350 hasta nuestros días. 3) Tener un
Siglo de Oro con autores que la hayan codificado y ennoblecido
con escritos de renombre universal, y ¿quién tuvo
literatura más universal que la valenciana en Tirant lo
Blanch?
HISTORIA
Las bases para la teoría lingüística
valenciana pasan forzosamente por la consideración de las
tierras de Urgel, Lérida y Tortosa como Países de
habla Valenciana. Estas tierras son históricamente valencianas
porque su cultura, su habla, su economía agrícola-industrial,
su sistema de pesas y medidas, etc., y sobre todo sus poblaciones
han sido comunes a las propias del Reino de Valencia. Han constituído
relación biunívoca cultural panValencianista, la
que es fundamental para resolver la "Cuestión de nombres".
Los mismos catalanes reconocen la unidad de la lengua de estas
tierras, aunque la llaman "Catalán Occidental",
pero su nombre propio es el de Lengua Valenciana. Esta ponencia
no pretende en modo alguno hacer de esta teoría panValencianista
cultural ningún proyecto político de futuro.
Desde las correrías del
hombre prehistórico valenciano que jamás dejó
huella en Cataluña, impedido por la cadena costera catalana,
hasta nuestros días en que resulta tradicional la subida
de los valencianos al Pla d'Urgell para comercializar los productos
agropecuarios de estas tierras pirenaicas, los llanos y valles
paralelos de los Países Valencianos orientados de Norte
a Sur desde Alicante hasta Andorra, incluso introduciéndose
en Francia hasta Toulouse y Limoges (la ponencia presenta un mapa
donde se aprecia la línea recta que une a las ciudades
de Alicante, Valencia, Castellón, Lérida, Toulouse
y Limoges), han supuesto el paso obligado de las corrientes migratorias
y asentamientos de los pobladores llegados en ambas direcciones.
Las desviaciones laterales resultaron siempre imposibles gracias
al imperativo geográfico.
Esta unidad étnica y cultural,
producto de los constantes trasiegos de su población, ya
tuvo sus inícios en épocas prehistóricas,
como lo demuestra el arte rupestre. Mucho más tarde, el
Cid Campeador, ayudado por Pedro I de Aragón, había
repoblado el Reino de Lérida conquistado a los moros con
valencianos, mientras la defendía de las apetencias del
Conde de Barcelona, al que llegó a hacer prisionero por
dos veces consecutivas en guerra abierta. La política matrimonial
del Cid, casando a su hija Dª Cristina con el infante Ramiro
de Navarra y a Dª María con el Conde de Barcelona,
tenía por objeto afianzar la Valencianidad de estas tierras,
y quién sabe si la intención de poner los cimientos
de un futuro imperio valenciano tan al gusto de la época.
Otro tanto hizo D. Alfonso I el Batallador, asentando por tierras
de Lérida a más de 4.000 mozárabes valencianos
traídos en sus correrías. Otro tanto hiciera la
natural huída de los cristianos valencianos hacia el norte
ante el acoso musulmán, como en el centro y al oeste hicieron
los castellanos y portugueses, de modo que por los pasos geográficos
de la Plana de Castellón al valle del Ebro, y de allí,
ante el impedimento de la Cadena Costera Catalana, se lanzaban
por los llanos de Lérida y Urgel hasta el sur de Francia.
Muchos de ellos se quedaban en estas tierras ante la tranquilidad
y posibilidades agrícolas que estas zonas les ofrecían.
Otros, a pesar de todo, pasaban a la Marca Hispánica, completamente
despoblada, llevando sus costumbres y artes, y así lo confirman
en sus escritos autores como Sánchez Albornoz, Salvador
de Madariaga, o los escritos de B. Boades (Feits d'armes de Catalunya)
que, aunque son una falsificación de los de Roig i Jalpí,
no afecta en nada a la descripción de estos fenómenos.
Tiene visas de certeza la leyenda
según la cual un noble valenciano de la corte de Orihuela,
a la caída de la taifa de Teodomiro, huyó a Francia
como era costumbre de entonces llevando consigo sus pertenencias,
y entre ellas una virgen morena llamada de Montserrate. Según
la tradición, la talla de madera procedía de Numidia
y pertenecía a San Agustín. La palabra Montserrate,
Agoste, Monforte, Sarrià, etc., se encuentran en las crónicas
de Omar Ben Afaín, el caudillo de Sierra Elvira, contemporáneo
de Teodomiro de Orihuela. El noble llegó a la Marca Hispánica
siendo conde de Barcelona Wifredo el Velloso, y ante la montaña
-hoy de Montserrat -, cayó enfermo. El noble hizo promesa
a la imagen que portaba de erigir allí mismo una capilla
si sanaba, y quedarse él de anacoreta con el nombre de
Fray Juan Garin. Así ocurrió todo, pero una rocambolesea
historia habla de la violación y asesinato de la hija de
Wifredo el Velloso por Fray Juan Garin, que dio en el olvido al
anacoreta, a la imagen y a la capilla. Años más
tarde, descubierta la imagen en olor de milagro, se inició
el culto del actual Montserrat y el mito del abate Oliva.
La ponencia expone que la cultura
valenciana ascendió primero hacia Cataluña y Francia,
y luego descendió de la misma forma y razón que
lo hicieran los castellanos y portugueses, siempre entrecomillados
dichos nombres. Así como los "castellanos" se
concentraron en Asturias y los "portugueses" en Galicia
tras la invasión musulmana, y D. Pelayo organizó
la Covadonga que impulsó la reconquista Centro-Oeste, los
paisanos de los países valencianos, concentrados en el
sur de Francia, concretaron la Occitania, esa Francia de teja
roja, que inicia su reconquista con Carlos Martel en la Covadonga
valenciana de Poitiers y con héroes tan legendarios a la
Fernán González como fue Guillermo de Orange, de
forma que el paralelismo es completo y distinto. No obstante,
el caso valenciano presenta además la circunstancia de
que a medida que Francia cerraba el espacio occitano destruyendo
su lengua y cultura, D. Jaime I abría el espacio valenciano
y mallorquín en España potenciando la lengua y la
cultura.
Comparemos fechas:
1229 Jaime I conquista Mallorca; Raymundo VII de Tolosa se somete
a París.
1231-32 se conquista Menorca y se inicia la conquista del Reino
de Valencia; Occitania es sometida por el tratado de Meaux.
1244 conquista de Játiva; cae en Occitania su último
reducto, Montesegur. Pero al trasvase político de Occitania
a Valencia acompaña también un trasvase de Lengua
y Cultura. Francia y la Iglesia cerraban universidades y centros
de cultura Kátaros en Occitania, y Jaime I inauguraba las
universidades de Valencia y Mallorca (Estudios Generales). En Valencia
se potenciaba el lemosín que culmina con Ausias March (totalmente
desprovenzalizado) y en Mallorca se potencia el provenzal (que culmina
con Ramon Llull y su Blanquerna (totalmente en provenzal).
EI tratado de Millau, por el que
Aragón tutelaba a toda la Occitania, obligaba a Pedro II
El Católico, padre de D. Jaime I, a defender con las armas
y ayudar en todo a los occitanos. Muerto Pedro II en la batalla
de Muret frente a Toulouse en la cruzada contra los albigenses
que encargó el Papa al rey de Francia, los intelectuales
kátaros perseguidos por la Inquisición pasaron la
factura a su hijo el Rey Jaime I, quien tuvo que cobijarlos y
darles asilo político, no sin las advertencias del Papa
por ser herejes, y bajo la condición de asentarlos en Valencia
y Mallorca por ser tierras de moros, mas no en Cataluña
o Aragón que eran tierras de cristianos.
No obstante, y siguiendo las teorías del franciscano inglés
Whalls, antes de ser asentados en las nuevas tierras de moros conquistadas,
dichos intelectuales debían residir algún tiempo en
Aragón y Cataluña, vigilados por los obispos correspondientes,
y si su conducta era aceptable pasaban a Valencia o Mallorca definitivamente,
sin aparecer para nada en el libro de repartimiento, ya que dicha
residencia no presuponía domínio de tierra. Su medio
de vida era la enseñanza, la profesión liberal o el
oficio de amanuense y corrector de latines y romances cerca de los
conventos. No menos de 50.000 intelectuales occitanos pasaron en
estas condiciones durante la dilatada vida del Rey D. Jaime I y
sucesores. Unos cuantos soldados ignorantes no pueden traer en sus
mochilas una lengua, pero 50.000 intelectuales con ganas de promocionarse
sí pueden crear las bases para potenciar un gran idioma,
y esto es lo que ocurrió en el portentoso desarrollo cultural
de la Valencia del Medievo. La Universidad de Valencia (1245) y
la de Lérida (1300), cuando Barcelona (1450) no disponía
todavía de este poderoso medio cultural generador de civilización,
contribuyeron decisivamente al hecho de la unidad idiomática
y cultural de las tierras valencianas desde Orihuela a Andorra durante
el gran replanteo socioeconómico y cultural de la Europa
de los siglos XIII y XIV.
Otras motivaciones posteriores seguirían
provocando el trasiego de gentes por los países valencianos.
Cabe destacar: Las deportaciones masivas de Pedro IV, el del Punyalet,
tras la guerra de la Unión; las huídas provocadas
por las crueles persecuciones entre Centelles y Solers, las repoblaciones
con campesinos valencianos del Pla d'Urgell tras la victoria del
Reino de Valencia sobre el Condado de Urgel después del
compromiso de Caspe o las pestes periódicas que arrasaban
la Huerta de Valencia y que obligaban a la población valenciana
a refugiarse en las más secas comarcas de Lérida
y Urgel. Las Germanías también desplazaron a más
de 5.000 personas hacia el norte de los Países Valencianos.
Toda una literatura gigantesca, toda una brillante historia, aguardan
adormecidas su despertar a lo universal, como reivindicación
valenciana para una recuperación de la concienciación
colectiva cultural y lingüística de los pueblos norteños
mediante el reencuentro con las raíces sureñas históricas
valencianistas que les hicieron crecer. Todo ello debe constituir
tema de primordial permanencia en el sentir y actuar de todo valenciano.
...Y LA CUESTIÓN DE NOMBRES
No es cierto que la lengua valenciana sea un dialecto del catalán,
ni tan siquiera se puede decir. Sí que es cierto la existencia,
al menos en su origen, de una gigantesca cultura unificada que disponía
de su propia lengua, la de OC, perteneciente a un conjunto de países
que dejaron de ser una alternativa nacional en la batalla de Muret
en 1213, donde queda dicho que murió la cabeza visible y
máxima representación política, Pedro II de
Aragón, de aquel inmenso glacis europeo formado por Occitania
y Aragón. Pedro II, como rey cristiano, había asistido
a la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 como cruzada contra
el infiel; en cambio, al año siguiente, 1213, lo vemos luchando
al lado de los herejes en contra de la cruzada papal que, encargada
a Francia, comandaba Simón de Monfort. ¿Qué
había pasado?. Pues que Aragón tenía un pacto,
el de Millau, con todos los estados de Occitania por el cual salía
valedor de cualquier ataque militar o agresión que sufriese
cualquiera de estos estados. La cruzada se dirigió contra
los albigenses de la ciudad de Albí o su rama de herejes
más montaraz que eran los kátaros o perfectos, pero
Francia aprovechó la ocasión para apoderarse de Occitania.
Pedro II tuvo que ponerse al lado de la ciudad de Albí y
de rechazo ayudar a los herejes, muriendo en la batalla de Muret.
Para Robert Lafont, el binomio
Iglesia-Estado francés decidió el futuro de D. Jaime
I de Aragón, de Valencia y de Mallorca, con la destrucción
de Occitania, su cultura y su lengua y la creación de otros
dos nuevos estados con la misma cultura y lengua pero sin herejía.
Jaime I, hijo del derrotado Pedro II, que sería el nuevo
cruzado de la Fe contra el infiel, y habría de avanzar
la reconquista de Aragón por Valencia y Mallorca, en Francia
estorbaba, y la Iglesia dispondría de nuevos territorios
donde asentar a los herejes semiortodoxos no merecedores de la
total hoguera. Resultaba más económico y más
cómodo desterrarlos a tierras de moros que catequizarlos.
Con estas poderosas premisas, no es extraño que D. Jaime
I, prisionero del de Monfort durante toda su juventud, aprendiese
bien la lección, y renunciando por el tratado de Corbeil
a sus derechos en Francia, se viniese a España a cumplir
lo mandado y programado. Queda dicho y sabido que conquistó
los reinos de Valencia y Mallorca y asentó a no menos de
50.000 intelectuales occitanos, inmensa muchedumbre para aquellos
tiempos. Mientras, al decir de Roig i Jalpí, unos dos mil
sacerdotes, catequistas, actores, profesores de lemosín
y provenzal, fueron contratados en el sur de Francia y traidos,
preferentemente por barco, con sus tramoyas, vestimentas, libros,
gramáticas, etc., para catequizar a musulmanes y herejes
occitanos conjuntamente, al tiempo que se les unificaba la lengua,
la cultura, y se les instruía en los misterios de la Fe,
localizando a los oriundos de Limoges en el Reino de Valencia
y a los provenzales en Mallorca, de cuyos grupos queda dicho que
Ausias March y Ramon Llull son los más representativos.
Ausias significa "Agustín" en lemosín.
Éstas fueron Las bases de las nuevas nacionalidades que
bullían en el pensamiento de D. Jaime.
Las fiestas de moros y cristianos, así como los autos sacramentales
al estilo del Misteri d'Elig son reminiscencia de la forma en que
los asesores de D. Jaime, al no disponer de escuelas suficientes
para esa enseñanza masiva, empleaban para que, participando
el pueblo en los festejos y representaciones incluso dentro de los
templos, aprendiesen tres cosas fundamentales: 1.- La nueva lengua
valenciana. 2. - Los misterios de la Fe. 3. - Que los moros habían
perdido y que tenían que convivir pacíficamente con
los cristianos. Los herejes en forma de judíos acaban siempre
por convertirse en esas representaciones. Así lo afirma al
menos el Condestable Lucas de Iranzo en su antiquísima obra
"Los Moros y Cristianos".
El Misteri d'Elig, ese monumento musico-literario único
en el mundo y perteneciente exclusivamente a la lengua valenciana
por su composición en el verso, palabras utilizadas, estructura
musical, es claramente lemosín. Y soslayando la parte de
milagro que pueda tener su aparición en Las playas de Santa
Pola encerrado en un arcón con la Mare de Deu, con la Consueta,
dice la tradición que también iban gramáticas
de lemosín, y con una etiqueta en el arcón que decía
"Soc per a Elig". Prueba evidente transmitida por testimonio
oral de que el Misteri llegó en barco procedente del Sur
de Francia y de seguro como consecueneia de un naufragio, ya que
la tradición también asegura que la aparición
ocurrió en un día muy crudo de invierno. Los que conocemos
la Bahía de Santa Pola y la peligrosidad del Canal existente
entre el cabo y la Isla de Tabarca podemos comprender el naufragio,
porque hemos presenciado otros y los restos han ido siempre a parar
a la Playa de Tamarit en las salinas.
No fue la Iglesia inconsciente del peligro maniqueo a que sometería
a los futuros Reinos de Valencia y Mallorca al trasladar a ellas
tan ingente cantidad de herejes dudosos, y por ello el Gran Inquisidor
de Occitania Bernardo Guidonis dió a la Inquisición
de Aragón las normas que él había llevado en
Occitania para la vigilancia de los desplazados. Normas que estuvieron
vigentes durante muchos años y que se aplicaban a rajatabla,
llegando incluso el Gran Inquisidor de Aragón, Nicolás
de Eymerich, en su celo, a denunciar a S. Vicente Ferrer, que de
seguro hubiese sido detenido de no mediar la íntima amistad
de nuestro santo con el Papa Luna, quien rompió en secreto
el expediente de S. Vicente. Los Condados Catalanes, entretanto,
se nutrían culturalmente de Mallorca, constituyendo un pueblo
provenzal y mercantil que no entró cultural ni políticamente
en este gran juego de replanteo social de los siglos XIII y XIV.
En el mapa adjunto, y en este momento
histórico, la distribución lingüística
occitano-valenciana:
I. - Dominio GASCÓN: de Burdeos
a Fraga (incluye el aranés)
II. -Dominio LEMOSÍN-VALENCIANO: de Limoges a Alicante.
III. - Dominio ALVERNÉS.
IV. - Dominio PROVENZAL-LANGUEDOC-CATALÁN-MALLORQUÍN:
de Génova a Tarragona.
V. - Dominio de transición OCCITANO-FRANCÉS (OC-OIL).
VI. - Dominio de transición OCCITANO-CASTELLANO (Aragonés).
El mapa de Pirineos hacia el Norte
lo publicaron en 1950 los grupos de Acción Occitanista
de la Universidad de Munich. De Pirineos hacia el Sur ha sido
publicado en repetidas ocasiones por el Omnium Cultural de Barcelona.
La ponencia se ha limitado a unir ambos planos a la misma escala
con el resultado sorprendente de detectar la continuidad geográfica
de las lenguas a ambos lados de los Pirineos.
En la actualidad persisten las modalidades lingüísticas
al Sur de los Pirineos que fueron consecuencia de las modificaciones
introducidas por el potente Siglo de Oro Valenciano en el adjunto
mapa valenciano-occitano.
Si bien se pudo decir antes del Siglo de Oro que había un
provenzal en Cataluña o catalán, que más bien
era mallorquín; y en Valencia, Tortosa, Lérida y Urgel,
un lemosín que ya iba siendo valenciano, con Ausias March
y la moda de la prepotente Valencia y del siglo XV, Cataluña
se valencianiza quedando Mallorca aislada con su habla peculiar.
Estos hechos que incluso los propios catalanes reconocen al decir
en sus textos literarios que "Ausias March fue el primer escritor
catalán que dejó de utilizar el provenzal " y
que, a partir de aquí, el catalán se desprovenzalizó.
Bien: la realidad ya la conocemos. Lo que ocurrió fue que
Ausias March escribió siempre en valenciano-lemosín,
y cuando los escasos intelectuales catalanes imitaron la moda de
Ausias, dejaron ellos de utilizar el provenzal, valencianizando
su lengua, con lo que hoy podemos asegurar sin ambages ni tapujos
que, en la Cataluña actual costera, lo que los catalanes
llaman "catalán oriental" no es más que
un dialecto de la lengua valenciana que bien podría llamarse
"valenciano oriental ".