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Solo versión en Castellano)
La prensa diaria se ha hecho eco del cruce de cartas entre
el presidente de las Cortes de Aragón y el del Parlament
de Cataluña.
Como quiera que ha devenido la cuestión pública,
y que los razonamientos allí expuestos nos afectan a los
valencianos, parece oportuna una reflexión sobre un fenomenal
malentendido, interesado, en que se fundamenta el concepto de ciencia
de las tesis catalanistas.
Argumenta el honorable Joaquim Xicoy
i Basseguda, que la denominación de "Corona catalano-aragonesa
se ha generalizado en los últimos decenios entre los historiadores
catalanes de mayor solvencia científica". Con eso
la considera validada. Una vez más, la manipulación
del concepto de ciencia, tan característica de la ideología.
El estudio de los procesos científicos
no se fundamentan en la "solvencia" de los estudiosos
de que ellos se ocupan, sino en el rigor metodológico que
aplican. En el caso de la Historia, la primera etapa del procedimiento
es la heurística o estudio y valoración crítica
de las fuentes que se manejan, y, naturalmente, tenemos derecho
a cuestionarnos, en este caso, si los solventes historiadores catalanes
han tenido acceso a sensacionales hallazgos heurísticas ignorados
por los demás, inmersos en nuestra inherente penuria intelectual
¿Se ha encontrado el acta fundacional de la, hasta ahora
presunta, Confederación catalano-aragonesa? ¿O
su libro de sesiones? ¿O disposiciones de ella emanadas en
virtud de su entidad político-jurídica? En suma, señoría,
¿en qué se basa metodológicamente ( = científicamente)
la concreción histórica de la Corona, o Confederación
Catalano-Aragonesa? ¿En esos documentos que, sin duda.
existen y cuya publicación está próxima? Porque
de otro modo podría pensarse en un caso de tergiversación
por parte de tan solventes historiadores, ¿y en esos documentos
se titula así la Confederación de la Corona? ¿En
ese orden? Quedan en ella excluidas las, hasta hace unos decenios
entidades constitutivas de la anticuada Corona de Aragón?
Porque a los valencianos nos preocupa saber qué fue de nuestro
Reino, y a la vista de las solventes tesis de los últimos
decenios, hasta empezamos a cuestionarnos si alguna vez existió.
Mire usted, señoría, lo que pretende pasar por ciencia
no es otra cosa que una descarada manipulación de la historia,
de inspiración ideológica y de signo jordipujolista.
Acierta el Señor Justicia Mayor de Aragón. "tergiversaciones
interesadas'.. que se sustentan en el principio de autoridad, o
de solvencia, y no en el de la ciencia. Y el principio de autoridad,
a diferencia del científico, tiene la desventaja de que si
no se reconoce aquélla, carece de validez.
Niega toda intención ofensiva
al concepto de "Corona catalano-aragonesa" y, no
obstante, esas innovaciones historiográficas sí son
ofensivas. de tres maneras. Primero, en una dimensión elementalmente
ética, como ofende toda desviación interesada de la
verdad; después, intelectualmente, por lo que tienen de desprecio
de las normas inviolables del procedimiento científico y
de infravaloración del criterio del lector no avenido con
el principio de autoridad, del que sólo emanan dogmas; por
ultimo, como valencianos (o aragoneses, o mallorquines, en su caso)
porque en la medida en que egolátricamente se infla la importancia
de los condados catalanes en relación con los reinos de la
Corona de Aragón, se disminuye a éstos en su irrenunciable
personalidad y trascendencia históricas, y no creemos que
todo esto sea por accidente.
Y, por otro lado, y desafortunadamente, la solvencia científica
de los miembros de su Cámara, en la que usted, comprensiblemente,
tanto fía, no está, objetivamente vista, más
allá de lo dudoso. Y como no quiero parecer irrazonablemente
desconfiado, aclaro que me refiero a hechos científicamente
tan mal fundados como el milenario que, por razones obviamente ideológicas,
no hace mucho se orquestó. (¿Cuántos miembros
de la Cámara se opusieron a tan mal fundada efemérides?)
O, un poco más allá, la infamante sesión en
que se votó unánimemente presionar al Gobierno central
para que éste, a su vez, mediara ante el de Valencia para
que no se formulara expresamente la condición de lengua de
la que hablamos los valencianos, lo cual, por otra parte, era innecesario,
porque así lo consagran nuestra Carta Magna, nuestro Estatuto
de Autonomía y la metodología lingüística.
Relea su señoría el acta de aquella sesión
con un esfuerzo objetivador y trate de encontrar las razones científicas
de aquel voto unánime que me abstengo de calificar, y quizá
comprenda nuestro escepticismo nada caprichoso.
Y ya que he eludido a la lengua valenciana,
ofrece ésta un buen ejemplo de lo que ocurre con el acatamiento
de la ciencia "por solvencia", y no por razón.
Va para noventa años, un lingüista catalán, solvente,
por supuesto, dictaminó que una de las variedades dialectales
de su lengua era "el catalán de la Rivera d'Ebre
i Valencia" (sic), y a partir de ahí, por la acción
de solvencias sucesivas y colegiadas, se ha establecido un hecho
"científico", que, paradójicamente, todavía
está por fundamentar metodológicamente ( = científicamente).
Porque no, señoría, no: en ciencia la cosa no va por
"solvencias", sino por razonamientos. Aunque, bien mirado,
¿por qué habrían de darlos? los fundamentalismos
han sabido siempre que un dogma vale por un millón de razones,
y siempre han tenido las autoridades iluminadas, por supuesto solvente,
que su buena causa ha requerido.