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· Solo versión en Castellano)
Sobre la llamada catalanidad de Baleares.
Paralelamente al proceso del reduccionismo
de la cultura y a la catalanización de la lengua [en Baleares],
se ha operado otro similar en el terreno de la Historia. Invocando
unas dependencias ficticias del Reino de Mallorca con lo que era
únicamente un Condado dependiente de la Corona de Aragón,
se han construido peregrinas teorías con objeto de alimentar
un falso protagonismo de la catalanidad en las Baleares.
El Círculo Balear tiene como uno de sus objetivos prioritarios,
denunciar la Re-escritura de nuestra Historia, por lo
que próximamente en sucesivas conferencias y artículos
se irán exponiendo los puntos conflictivos, y los diferentes
argumentos que permitan a cada lector derivar sus propias conclusiones
al respecto.
Como muestra de la reacción
ciudadana en el campo historiográfico pueden citarse reiteradas
cartas y artículos que se publican en algunos de nuestros
medios de comunicación que superan la censura impuesta
en este campo, quienes gallardamente se enfrentan a las tergiversaciones
repetidas por catalanistas o por ingenuos, contestando a las afirmaciones,
entre otras, de que el desembarco del 31 de diciembre supuso
el inicio para Mallorca de una nueva época de catalanidad.
La respuesta podemos resumirla en los siguientes puntos:
1. En el momento de la conquista
solamente existe un espacio geográfico que abarca los condados
de Barcelona, Gerona y Osona mientras que el resto de territorios
que hoy componen Cataluña eran independientes de Barcelona:
los condados de Ampurias, Pallars, y Urgell; igualmente lo eran
los marquesados de Tortosa y Lérida. No existía
ningún espacio político catalán, solamente
una pequeña región geográfica llamada Cataluña.
2. La conquista promovida por Jaime
I de Aragón, al tener carácter de cruzada, agrupa
a gentes dependientes de su corona: Aragón, Montpeller
y Barcelona, además de otros puntos de la cristiandad Homines
de terra nostra et aliunde venientes. De hecho, los más
importantes socios en su empresa bélica mallorquina, eran
extranjeros: el Conde de Rosellón y Cerdaña, el
vizconde de Bearn y el conde de Ampurias.
3. Como consta en el "Llibre
del Repartiment" hay gran diversidad de procedencias de los
conquistadores: no solamente del Reino de Aragón y de los
hoy aglomerados a Cataluña sino también de Marsella,
Pavía, Montpeller, y eso por lo que se refiere a la media
isla que le corresponde a Jaime I y no a la que correspondió
a sus socios procedentes del Rosellón, Ampurias y Bearn.
4. El título de Rey o Conde
de Cataluña no ha existido nunca, solamente Conde de Barcelona,
que tenía Jaime I, rey de Aragón, en el momento
de la Conquista, junto al de Señor de Montpeller.
5. No se puede emplear el mapa
actual para contar la historia de 1229. Mallorca no se incorporó
al mundo de la catalanidad, ni la catalanidad existía,
ya que no existían esos conceptos para los hombres de aquél
siglo. Tampoco podemos tildar a la armada de catalana,
ni de catalano-aragonesa, porque esto se hace desde una
perspectiva de 765 años (en 1955) los únicos nombres
válidos son de gentes cristianas de "aliunde venientes"
como se dice en el documento-anuncio de la conquista, lo que se
corrobora con los apellidos registrados en el "Llibre del
Repartiment" además de "aragonesa" por el
titulo de su rey, Jaime I de Aragón.
6. Esta supuesta catalanidad de
los baleares no es sino una historia de ficción que desde
el Estatuto de Autonomía están presenciando, en
particular los mallorquines, cada 30 de diciembre cuando los pancatalanistas
(OCB, PSOE, PSM, Unió Mallorquina, Esquerra Republicana
de Catalunya, Jóves per la Llengua, etc.) se reunen en
la Plaza de España con las banderas cuatribarradas.
7. Siempre nos hablan de "la
nostra cultura, la nostra llengua, la nostra nació"
refiriéndose a Cataluña. Los nombres de Mallorca,
de Menorca, de Ibiza, de Formentera, no están presentes
en parte alguna, nunca nos hablan de la cultura mallorquina, menorquina,
ibicenca o formenterense, en definitiva, no aparece la milenaria
cultura balear, ni su lengua. Si el Rey Jaime I, después
de darnos un reino y un escudo mallorquín, levantara la
cabeza, regresaría a su tumba diciendo: "vergonya,
mallorquins, vergonya"
El tema de la lengua.
La lengua es el punto más delicado de las relaciones entre
sociedades - John Elliot
A. Clamor popular.
Existe en nuestra sociedad un irrenunciable clamor prolongado a
lo largo del presente siglo: la reivindicación del pueblo
mallorquín por su lengua. Y de cara al siglo XXI, puesto
al día mediante los medios modernos, este clamor quiere llegar
al mundo entero sin restricciones ni cortapisas, a través
de la web del Círculo Balear. Esta nueva asociación
sabe que no parte de cero, y empieza por reconocer a quienes les
han precedido en las mismas reivindicaciones, sus nobles esfuerzos
por la causa. Recogemos el testigo de tantas voces individuales
y colectivas expresadas anteriormente en manifiestos, prensa y actividades
diversas como reacción a la solapada forma con que se impuso
en el Estatuto la denominación de la lengua de Baleares.
Por otra parte, conviene recordar que en Mallorca, la polémica
sobre las peculiaridades de nuestra lengua viene de lejos: ya desde
los inicios del catalanismo poético, tan pronto como sin
respeto alguno por nuestras particularidades lingüísticas,
se pretendió encorsetar a nuestros escritores. Así
consta desde los afanes de Mariano Aguiló para otorgar merecidos
galardones a nuestros notabilísimos poetas como Costa y Llobera,
que eran rechazados en los Juegos Florales de Barcelona por
sus mallorquinismos hasta las enérgicas protestas de
María Antonia Salvá a quien los editores catalanes
hacían pasar por su particular rasero.
B. Ambigüedad por sistema.
Otro aspecto no menos pernicioso
es que en Baleares, la política lingüística
es una ambigüedad sin fin, empezando por la ya aludida perversidad
de afirmar que es el mateix pero que se cuidan
muy mucho de diferenciar según la conveniencia y el auditorio.
Mientras desde la vertiente política se insiste en el
catalán, en las iglesias lo llaman mallorquín,
(en ninguna iglesia se especifica misas en catalán
sino en mallorquín y en castellano). Sin embargo, ambos
a una, salvo honrosas excepciones, empujan la causa del catalán.
Al llevar dicha política lingüística a los medios
audiovisuales locales, el bombardeo catalanista se va haciendo muy
denso, sin apenas dejar resquicios para nuestro vernáculo.
Los informativos de los canales locales y autonómico de TV
se hacen por completo en catalán, aumentando las desconexiones
territoriales de Televisión Española para aumentar
los espacios de servicio al catalanismo, sin respetar siquiera,
como manda el Estatuto de Autonomía, las modalidades insulares
propias, irritando constantemente los oídos mallorquines
con catalán puro y duro, dificultando sobremanera su función
transmisora, a las familias que quieren preservar para sus hijos,
su dulce acento, sus añejas palabras, su entrañable
lengua, tal como la recibieron de sus mayores, teniendo que batallar
con el resultado nefasto de la mezcolanza que inevitablemente se
produce entre ambientes tan disímiles como son la familia,
la escuela y los medios televisivos.
Por otra parte, los castellanohablantes obligados a reciclarse
en catalán, aunque quizás involuntariamente, suelen
contribuir también a la mezcolanza general, produciéndose
situaciones artificiales y conflictivas; los unos por forzados,
los otros por la absurda pedantería de hacerse lo que no
son. Se produce así un patois que no es ni una
cosa ni otra, con serias repercusiones en la baja calidad del aprendizaje
de nuestra población estudiantil, puesto que en vez de propiciar
la mejor comprensión se fomenta el bloqueo mental y el continuado
traspiés, tanto en la expresión hablada como en la
lengua escrita, cuya ortografía suele ser caótica
según afirman los propios maestros. Las consecuencias educativas
son graves. Los datos sobre aprovechamiento escolar en Baleares
son los peores de España. Hay que hacer algo urgentemente
en favor de nuestros niños, injustamente sometidos a semejantes
despropósitos.
C. Discriminación constante.
Constituye una perversidad el afán de eliminarnos la lengua
común propia de los españoles, como lo están
haciendo al aplicar su monolingüismo en las escuelas y en la
sociedad. Por más que se repita por boca de ganso que en
la sociedad catalana no hay problema con el bilingüismo, la
pregunta es ¿por qué no aplican las mismas disposiciones
para ambas en la educación escolar? Mientras una monopoliza
la enseñanza, y acapara dádivas, la otra (para quienes
no tienen el privilegio de atesorarla desde el seno de la familia)
se aprende en la calle y solo cosecha discriminaciones, incluso
para obtener trabajo.
Y bajo todas las luces que se mire, otra perversidad es la insistencia
de que mallorquín y catalán es lo mismo, con toda
la carga política y coercitiva que ello supone. Desde la
conciencia íntima de cada hablante, el sistema de la lengua
propia brota espontáneamente, mientras que el optar por otra
lengua requiere una adaptación a otras determinadas estructuras
que se explicarán en otra edición. El hecho de entenderse
de ningún modo puede implicar sometimiento ni renuncia a
mantener nuestra identidad propia. Lo que tenemos en común
es lo que proviene del latín transformado en el antiguo romance
medieval, que en cada territorio evolucionó de distinta manera,
según los substratos y las culturas en contacto. En el caso
del catalán, por distanciarse del español, ha contado
más la aproximación al francés, hechos que
para nada han pesado en el mallorquín que por el contrario
ha hecho suyas muchas de las formas más tempranamente evolucionadas
del latín en el español común.
En mallorquín, en menorquín
o en ibicenco, tenemos otras preferencias de vocabulario, organizamos
las palabras de forma distinta, y hay que estar sordo para no
percatarnos de las diferencias fonéticas entre lo que insisten
en llamar el mateix. Y como a cada sonido corresponde
una grafía, para que haya coherencia entre sonidos y letras,
las normas ortográficas tienen que reflejar la autenticidad
entre sonido y grafía, evidenciando las distancias entre
una lengua natural y de suave pronunciación y otra lengua
para nosotros de forzados sonidos y artificiosamente diferenciada.
Conclusión: Como la siempreviva.
Nuestras reivindicaciones siguen
vivas. Clamor ciudadano de malestar general al ver todo lo Balear,
convertido en catalán. La polémica
no ha cesado: ya sea mediante la labor constante de destacados
periodistas cuyos artículos podrían reproducirse
por su particular interés, ya sea mediante las aportaciones
de ciudadanos cultos, o también mediante numerosas cartas
de los lectores. Se han producido además desde manifiestos
colectivos y boletines, hasta misivas a los gobernantes. También
se ha movilizado la sociedad balear recolectando firmas, como
prueba del rechazo a las cada vez más agresivas campañas
del catalanismo rampante: locución en catalán, publicidad,
monolingüísmo catalán desde los estamentos
políticos, catalanización de las escuelas, intromisión
constante de los agentes catalanistas subvencionados, en escuelas,
grupos juveniles, campañas comerciales y ya ni se diga
en campañas políticas.
Insistiendo en la defensa de las libertades, una cosa es tener
libertad para aprender el catalán como cualquier otra lengua,
libertad que defendemos, y otra muy distinta es coartar la libertad
y el derecho inalienable de los baleares a su propio vernáculo.
Que quienes se sientan catalanes, hablen y escriban su lengua. Pero
que quienes nos sentimos orgullosos de haber nacido en el archipiélago
balear, tengamos el pleno derecho a escribir y hablar mallorquín,
menorquín o ibicenco, sin coacciones ni discriminaciones.
Muchos se preguntaran cuál
es el fin que persigue el pancatalanismo. La respuesta es clara:
la creación, mediante tergiversaciones históricas,
ingenierías lingüísticas, y apropiamiento
de las identidades valenciana y balear, de una entelequia, llámese
países catalanes o similares invenciones,
basada en el principio: una llengua, un poble, un país;
fundamento para la creación de un espacio cultural y editorial,
con fuertes intereses económicos por una parte, y, por
otra, su utilización con fines políticos por determinados
partidos en el peligroso objetivo de conseguir la separación
de España. Una España fruto de las aportaciones
de todos los pueblos que la componen, y sustento de la Constitución
Española de 1978, refrendada mayoritariamente por nuestra
sociedad, base del ordenamiento jurídico que más
prosperidad y paz en democracia han traído a nuestra Nación.
Hay que potenciar la conciencia colectiva para pedir con la mayor
firmeza la consulta al pueblo, la revisión de la legislación
autonómica y del Estatuto de las Islas Baleares. Por el respeto
a nuestra identidad y por la reivindicación de nuestros derechos.
En definitiva: En nombre de la libertad.