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La inmersión catalanera
en tierras valencianas, acometida con saña por las instituciones
y el sistema educativo valenciano desde la época legislativa
del PSPV, hace tiempo que viene dando sus frutos entre los brotes
más tiernos de la sociedad valenciana.
No resulta extraño encontrar entre las generaciones más
jóvenes (y menos jóvenes de valencianos) una inmensa
legión de acomplejados hacia su lengua materna, que del todo
desorientados por el adoctrinamiento pancatalanista dispensado desde
el sistema educativo consideran a su genuina forma de hablar un
"Valenciano mal hablado", de escasa categoría,
y del que cabe todo menos sentirse orgulloso.
Años y años de adoctrinamiento escolar catalanero,
donde, desde la más tierna infancia, la maestría pancatalanista
a sueldo, se ha encargado de incrustar en la mente de los pupilos
valencianos, esa falsa y subvencionada teoría de que el idioma
Valenciano es un "catalán mal hablado" no ha hecho
más que poner a la deriva la autoestima de los valencianos
hacia su propia lengua y hacerles creer que lo que hablan no es
un idioma, sino un dialecto despreciable (del catalán), cuando
ésto último es completamente falso.
La naturalización al Valenciano (por parte de los inmersores
catalaneros a sueldo, entiéndase Academia Valenciana de la
Lengua), de palabras y usos propios del catalán extraños
a la Lengua Valenciana ha sido y es, ingente. Su ánimo no
es otro que el de asemejar artificiosamente el catalán al
Valenciano y tener así excusa para decir que son el mismo
idioma, sin ser ésto cierto. Con todo ello, a lo máximo
que han llegado es a desarrollar en la inmensa mayoría de
valencianos un autismo crónico hacia ese híbrido estéril
de lengua "catalano-valenciana" que predican y un sórdido
sentimiento "de culpa" por no hablar correctamente la
lengua del "imperio catalano-catalán".
Por desgracia, este adoctrinamiento catalanero, que sobrevive gracias
a los impuestos y las subvenciones, o sea, el dinero de todos los
valencianos, no solo genera confusión y dejadez en torno
al idioma Valenciano. También fomenta la aparición
de individuos de corte fundamentalista para los que las tesis catalaneras
son la razón de ser y base de su existencia.
Años y años de adoctrinamiento pancatalanista escolar
y universitario han instalado la mentira y la falsedad en la mente
de estos, antaño, indefensos niños, hoy día
adultos cuadriculados que, por alguna extraña catarsis mental,
rechazan a ultranza el servilismo "españolista"
mientras aceptan con satisfacción "quasi" mística
la desnaturalización que los desdibuja desde el norte catalán.
Todo ello sin vislumbrar la posibilidad de abrazar una identidad
valenciana propia y diferenciada, independiente de cualquier servilismo
o ingerencia forastera.
Si bien es cierto que estos casos no son el común de la sociedad
valenciana, también es verdad que este colectivo mantiene
un fervoroso activismo fanatizado y cridanero del que se auto-alimenta
y sobre el que valida su autoproclamada misión de "salva-patrias
o salva-país catalán (de sub-región valenciana)".
"Salvación" que ningún valenciano, o acaso
bien pocos, parece desear, algo que no parece importarle mucho a
esta clase de adocenados, ni a sus "cosins-germans" norteños
que los subvencionan como avanzadilla estratégica autóctona
y coartada de la presencia del expansionismo imperialista catalán
en el Reino de Valencia.
Resulta penoso comprobar como algunos valencianos, obligados a mamar
desde la infancia de una corrupta ubre farcida de mentira pancatalanista,
han llegado a interiorizar y dar como cierto que el Valenciano es
un dialecto del catalán o que los valencianos son de "nación
catalana".
Es un verdadero disparate que el propio sistema educativo valenciano
este adoctrinando a todos los hijos de los valencianos en un pancatalanismo
desnaturalizador que los pone en contra de sus propias raices e
identidad valenciana y los reconduce a asimilar la forastera catalana
como propia.
Es una lástima y un desperdicio, pues, de ese antinatural
y forzado cruce entre el regio caballo del Reino de Valencia y el
burro catalán, solo nace un estéril mulo "catalano-valenciano",
útil tan solo para labores de catalanización, que
no ofrece ningún proyecto de futuro a la genuina sociedad
valenciana.