(Nomes versio en Castellà ·
Solo versión en Castellano)
Zaplana hizo creer a Xavier
Casp y la Real Academia de Cultura Valenciana que los valencianistas
tendrían asegurados 11 de los 21 puestos, mientras que
los catalanistas tendrían 10. Fue todo lo contrario.
Les engañó, no fue así. Es más, en
la selección de académicos, procuró que por
el lado valencianista hubiese octogenarios y nonagenarios. A Xavier
Casp le forzó para que fuera primer presidente de la AVL,
con el fin de que el valencianismo no se levantara en armas contra
su proyecto.
Casp, engañado, aceptó. Más tarde dimitiría,
al percatarse de que había sido utilizado. No importaba
a Zaplana y el PP su marcha, la máquina tractora había
sido puesta en funcionamiento.
Es más, se alegraron, porque así podían
manejar con mayor facilidad la AVL. Pronto falleció un
académico valencianista, Casp dimitió. Un académico
de la cuota del PP era declaradamente catalanista, Pere María
Orts, quien escribió un libro a favor de la bandera cuatribarrada.
El resto de académicos, tras pasar una fuerte criba por
parte de los catalanistas en su selección, se alllanaron
con gran facilidad a las pretensiones del catalanismo.
Zaplana estaba feliz, porque había cumplido meritoriamente
con el encargo imposición de Jordi Pujol y le había
servido en bandeja la estabilidad de Gobierno a José María
Aznar, quien se vería apoyado por CIU en Madrid.
El PP había sacrificado la Lengua Valenciana y entregado
en el matadero previsto. Unión Valenciana no se opuso a
la operación, la consintió, la vio bien.
En las elecciones de 1999, el electorado valencianista le pasó
factura a Unión Valenciana, que no sólo había
asistido a los funerales del idioma valenciano, también
se había encargado de expulsar a su presidente fundador,
Vicente González Lizondo, quien murió víctima
de los acosos internos que sufrió por parte de destacados
dirigentes de su propio partido.
Quedaba en pie solamente el Grup d´Acció Valencianista
que sigue firme en sus convicciones y actividades desde que se
fundara. En julio de 199 organizó una jornada de reflexión
sobre todo lo sucedido, en el hotel Astoria.
Desarticulada Unión Valenciana, pasados sus dirigentes
al PP, creada la AVL, hacía falta la refundación
del valencianismo político. El encuentro lo presidió
una pancarta donde se leía: No a l´Academia
catalanista de la llengua del PP-PSOE.
Se reivindicó un valencianismo político estructurado
y organizado, con dirigentes honestos que no se vendieran, ni
alquilaran, que no entregaran las señas de identidad valencianas
como moneda de cambio a nadie.
Entre los intervinientes en el encuentro estaban Josep Boronat,
Chimo Lanuza, Tony Fontelles, José María Guinot,
Lola García Broch, Juan García Sentandreu, José
Marín, Fran Ribes,
Fue elaborado el Manifiesto del nuevo valencianismo,
que firmaron los asistentes, a los que se sumaron miles de valencianos,
con la intención de dar los pasos precisos para reorganizar
el valencianismo político que tan fuertes embates acaba
de recibir, no sólo por parte del PSOE y CIU, también
vía PP, que siempre se dedicó a desbaratar y marear
el valencianismo con el fin de obtener rédito electoral.
Con el nacimiento de la AVL, los políticos, sobre todo
los gobernantes, habían frustrado los sentimientos y deseos
del pueblo valenciano. La confianza depositada en ellos había
sido traicionada.
Es la historia de una traición que vale la pena recordar,
para que esté viva en la memoria histórica de los
valencianos, y para que, a partir de ese conocimiento y conciencia
se mantenga viva la llama de la valencianía y el criterio
de que la lengua es y la queremos valenciana, sin suplantaciones,
ni adulteraciones, viva, dinámica y real, como siempre
la ha mantenido el pueblo valenciano sin colegios, institutos,
universidades o conselleries de cultura, simplemente en el seno
de la familia, de los pueblos, de generación en generación.
Al final de la corrida, Jordi Pujol se había salido con
la suya. Desde Cataluña se impuso a los políticos
valencianos de uno y otro signo lo que había que hacer.
No sólo violentaron la legalidad del Estatuto de Autonomía
(artº 7 del Estatuto de Autonomía, 1982), también
el patrimonio lingüístico, cultural, de un pueblo,
la historia de su más que milenaria lengua, sus más
hondos e íntimos sentimientos, su conciencia idiomática.
< ANTERIOR | INDICE
| SIGUIENTE >