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Solo versión en Castellano)
La traición se había
perpetrado. Votaron en contra del dictamen del Consell Valencià
de Cultura por el que se instaba a la creación de la AVL
y se reconocía la unidad lingüística, que el
valenciano es catalán, Xavier Casp, Leopoldo Peñarroja
y José Boronat. El resto lo hicieron a favor.
Ricardo Bellveser, Santiago Grisolía, Manuel Bas y Sanchis
Guarner aplaudieron de forma muy efusiva, según la foto
de dicho momento histórico, la aprobación del dictamen.
La mayoría de los consejeros catalanistas se abstuvieron
de aplaudir, porque no habían conseguido todo lo que querían.
El dictamen se había cargado la denominación oficial
idioma valenciano que constaba en el Estatuto de Autonomía
de la Comunidad Valenciana de 1982. Los catalanistas consiguieron
gobernando el PP, lo que nunca lograron durante el gobierno rodillo
del PSOE.
Leopoldo Peñarroja, consejero valencianista, en la justificación
de su voto en contra, había dado las señales de
alarma, habló de que había sido suplantada en su
función la Real Academia de Cultura Valenciana y que o
había sido solucionado el problema real que en el
fondo se ha quedado sin tratar y resolver.
Salió en el dictamen lo que se pactó en Reus entre
Zaplana y Pujol. Estaba todo previsto. Las entidades culturales
valencianistas volvieron a protestar. Sobre todo, porque quienes
habían decidido sobre la naturaleza de la Lengua Valenciana
no creían en ella, sino en el catalán.
El catalanismo progresó en su avance. La Ley de Creación
de la Academia Valenciana de las Cortes llegó a las Cortes
Valencianas. Fue aprobada el 16 de septiembre de 1998.
El PSOE presionó mucho para controlar la lista de los 21
académicos, querían que la mayoría de miembros
fueran afines a su ideología y, sobre todo, catalanistas
convencidos.
UV y EU presentaron enmiendas, que fueron rechazadas con los
votos del PSOE y PP. UV votó en contra de la Ley al final
de la corrida, pero en su día votó a favor de que
fuera el Consell Valencià de Cultura quien hiciera el dictamen,
que sentenciara definitivamente el conflicto y lo bascularía
hacia a favor del catalanismo.
La AVL tenía que constituirse o derogarse por los tres
quintos de votos de las Cortes. Quedaba bloqueada pues al gusto
de los partidos del duopolio, PP y PSOE. Con el tiempo se avanzaría
más, y la AVL, en la reforma del texto estatutario, marzo
de 2006, quedaría integrada como ente normativo en el Estatuto
de Autonomía de la Comunidad Valenciana. El PSOE y el catalanismo
se aseguraron, e impusieron, que no se quedara en ser un mero
órgano consultivo. La blindaron frente a cualquier intento
de acoso y derribo.
La Ley, copia literal del dictamen
del CVC, atribuía a la AVL la función de velar
por el uso normal del valenciano y defender su denominación
y entidad (art.7º, d) lo cual fue infringido desde
el mismo momento de nacer, dado que se apresuraron legisladores
y académicos en denominar catalán al valenciano,
bajo el eufemismo de pertenecer al mismo sistema lingüístico.
Llegó el momento de elegir
académicos. Sólo podían ser los presentados
y aprobados por PP y PSOE. En el artículo 10,b se expresaba
los requisitos para serlo: Ser expertos en valenciano
con una acreditada competencia científica y académica
o destacadas personalidades de las letras o de la enseñanza
en materia lingüística o una producción reconocida
en el campo del valenciano o la cultura valenciana.
La elección era para 15 años, quien pudiera colocarse
allí se aseguraba de sobra la jubilación. El sueldo
iba a ser generoso. La AVL tiene un presupuesto anual que rondaba
los 600 millones de las antiguas pesetas.
Cada partido, PP y PSOE, presentó sus candidatos. El PSOE
los buscó de reconocida fe catalanista. El PP los buscó
mayores y jubilados en su mayoría y los pocos menos mayores
procuró que fueran acólitos de amen, que no crearan
problemas y aceptaran de buen grado lo que se les presentaba a
la mesa. Es más, la cuota del PP aportó algún
que otro académico catalanista.
A partir de ese momento, el catalanismo y el PSOE tuvieron atada
y bien atada la cuestión lingüística, adaptada
a su imagen y semejanza, cortada y medida a su gusto y a sus anchas.
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