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Solo versión en Castellano)
El año que vence esta
noche [2006] pasará a la Historia General de Valencia como
el de la muerte y sepultura oficial de la Lengua Valenciana, cuyo
estado comatoso provocó la creación de la Academia
Valenciana de la Lengua, a impulsos de Eduardo Zaplana,
que la donó en bandeja a Jordi Pujol, cuando el
Gobierno de Madrid, del PP, le necesitaba para controlar el poder
central. Fuimos moneda de cambio.
Zaplana constituyó la Academia Valenciana de la Lengua
(no la Academia de la Lengua Valenciana), a pesar de existir una
Real Academia de Cultura Valenciana, con una rica y prolífica
vida, ya casi centenaria, con nocturnidad, premeditación
y alevosía, firmando un pacto con Jordi Pujol y en Reus.
El ex presidente catalán le impuso además que la
mayoría de los miembros de la AVL fueran catalanistas,
anexionistas, unionistas, o como se les llame. Los pocos valencianistas
que permitió Jordi Pujol que colocaran eran ya octo-nonagenarios
y fallecieron al poco tiempo. El resto, como suele ocurrir, a
la primera soldada de cambio juraron los principios fundamentales
del movimiento catalanista. Hay uno de ellos que en la época
de Franco juró todo lo que había que jurar y sigue
haciendo lo mismo en la new age. El último al que han premiado,
del sector de felpudos pancas que se prestan a maquillar de colorcete
progre al PP, lo de jurar a distintos gobiernos le viene en los
genes.
Como la reelección de los nuevos académicos tiene
que ser por cooptación, al ser mayoría los catalanistas,
los académicos que se vaya eligiendo en el futuro serán
necesariamente catalanistas. Podría decirse de verdad que
Jordi Pujol, cual nuevo Franco, lo dejó todo atado y bien
atado. El otro día apareció por Valencia a ver cómo
iban las cosas.
Pero la bajada total de pantalones del PP ha sido este año
en que ha conseguido (¿un logro del que alegrarse?) meter
la Academia Valenciana de la Lengua en el Estatuto de Autonomía
de la Comunidad Valenciana, en contra de cualquier tradición
constitucionalista o estatutaria. No hay ninguna Academia de la
Lengua del mundo que esté metida en la Carta Magna y mucho
menos elevada a rango de Institución del Estado, con capacidad
de obligar por narices, perseguir y sancionar a quienes no hablen
o escriban como a ellos les venga en gana, que no es otra gana
que la del Institut d´Estudis Catalans.
Si en el balance de fin de año del Partido Popular esta
noche aparece el haber consagrado estatutariamente la AVL, como
algo muy positivo para la sociedad valenciana, será deplorable
y vergonzoso. Yo, más que brindar, me pondría de
funeral.